Justine Joseph, hija del fotógrafo Michael Joseph: “Mi padre dormía con la cámara, no sabía cuando podía aparecer una foto"
ENTREVISTA
La presencia de Justine Joseph (Londres, 1971) en el Foro La Región el próximo jueves a las 20,30 horas en el centro Cultural Marcos Valcárcel permitirá redescubrir la figura de su padre, el fotógrafo Michael Joseph, desde una perspectiva poco habitual.
Más allá de su alabado trabajo con los Rolling Stones o su trayectoria en publicidad, emerge el retrato de un hombre perfeccionista en su oficio y por una forma muy personal de mirar el mundo.
Pregunta. Su padre creció en la Sudáfrica del apartheid. ¿Cómo influyó ese contexto en su forma de ver el mundo?
Respuesta. Le permitió tomar conciencia de las desigualdades desde muy joven. Pero también le enseñó que si alguien te dice que no puedes hacer algo, no debes aceptarlo sin más. Él era así. Se presentaba en los sitios y decía: “Estoy aquí para hacer fotos”, aunque no estuviera en ninguna lista. Tenía esa determinación. Y también tuvo suerte, claro, de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, pero esa actitud fue clave.
P. ¿Esa forma de enfrentarse a las cosas marcó su carrera?
R. Sí, completamente. Él siempre decía que siempre debías tener una cámara en la mano, porque nunca sabes cuándo va a aparecer la mejor foto. Puede parecer algo lógico, pero él lo llevaba al extremo. Dormía con la cámara. No desconectaba nunca. Para él no había un momento en el que no fuera fotógrafo.
P. ¿Su fotografía tenía un componente político?
R. No especialmente. Hay que entender el contexto de los años 60 y 70. En publicidad, que era gran parte de su trabajo, se evitaba la política de forma muy clara. Había reglas. Otra cosa es que su forma de ver el mundo, por su historia personal, estuviera marcada por todo lo que había vivido.
P. Viajó a Vietnam muy joven. ¿Qué cambió en él después de esa experiencia?
R. Le hizo más consciente de la fragilidad de la vida. Tenía 23 años cuando fue, imagínate. Eso te forma. Creo que después de Vietnam estaba más dispuesto a asumir riesgos, porque sabía que podía haber no regresado. Entendía mejor la vulnerabilidad humana.
P. Se hizo muy conocido por sus fotografías de grandes grupos. ¿Qué tenía de especial su forma de trabajar?
R. Era como un director de orquesta. Tenía que organizar a muchas personas en muy poco tiempo y lo hacía con mucha precisión. Aprendía los nombres, hablaba con cada uno y los colocaba. Conseguía que todos le siguieran. Era una mezcla de preparación y carácter.
P. En ese sentido, su trabajo con los Rolling Stones es especialmente conocido.
R. Sí, pero lo interesante es que la gente no siempre entiende todo lo que hay detrás. No solo hacía la foto, era responsable de la luz, de los objetos, de la comida, de los animales… Todo estaba preparado. Aquella sesión llevó horas de trabajo previo. Era un proceso muy complejo.
P. ¿Fue una decisión suya el enfoque tan particular de esas imágenes?
R. Había una idea general del cliente y del equipo creativo, pero él construyó la escena. Por ejemplo, la colocación de los miembros del grupo fue suya, todo tenía un sentido.
P. También se ha hablado de influencias artísticas, como Buñuel.
R. A mi padre le encantaba encontrar conexiones con la pintura o el cine. La historia del arte era muy importante para su trabajo. Le gustaba que una fotografía recordara a una pintura, que tuviera esa dimensión.
P. ¿Y cómo era en casa, lejos de la cámara?
R. Trabajaba muchísimo. Pasaba horas en el laboratorio revelando fotos. A veces lo veíamos poco. Se pasaba horas y horas en el sótano trabajando. Pero lo entendíamos, era su forma de vivir y su trabajo.
P. ¿Esa dedicación afectaba a la vida familiar?
R. Sí, en cierto modo. Veía menos a mi padre que en otras familias, pero era algo que asumíamos. Sabíamos que, si había trabajo, tenía que hacerlo. Era su prioridad en ese momento.
P. ¿Y como padre, cómo era en el día a día?
R. Era divertido, hacía bromas. Tenía un lado muy cercano cuando estaba con nosotros. Pero también estaba muchas veces en su mundo, pensando en la siguiente imagen. Como muchos artistas, no estaba del todo presente.
P. ¿Qué recuerdos le vienen de aquella vida familiar?
R. Era una vida muy diferente. Teníamos el estudio en casa, venía gente conocida, había sesiones y rodajes. Recuerdo momentos muy curiosos, incluso situaciones un poco surrealistas porque venían personas de todo tipo. Era divertido, pero también caótico.
P. ¿Cree que esa forma de vivir marcó su infancia?
R. Sí, claro. Fue un poco distinta. Teníamos acceso a cosas que no eran habituales, pero también había una dinámica familiar marcada por su trabajo. Con el tiempo lo valoras más.
P. ¿Hay algo de su padre que no aparece en sus fotografías?
R. Sí, su lado más familiar, sin duda. En sus fotos ves al fotógrafo, al profesional, pero no tanto al padre. Esa parte es más difícil de transmitir.
P. ¿Cómo ha cambiado su percepción sobre él con los años?
R. Con el tiempo entiendes mejor el nivel de dedicación que tenía. Yo no lo veo con amargura. Al contrario, lo veo con respeto. Veo cuánto se esforzaba por conseguir la mejor imagen posible.
P. En ese sentido, ¿qué diferencia ve entre aquella fotografía y la actual?
R. El laboratorio era magia. Hoy todo es digital, pero antes había un proceso físico, químico, muy complejo. Podías pensar que tenías la foto perfecta y algo fallaba. Era un trabajo muy exigente. Hoy es más inmediato.
P. ¿Cree que se ha perdido algo en ese cambio?
R. Sí, un poco. Hay algo en ese proceso que era muy especial que se pierde con la inclusión de herramientas como el Photoshop. La textura, el grano, incluso los errores, podían dar lugar a algo muy artístico. Era diferente.
P. ¿Cómo resumiría el legado del trabajo de su padre?
R. Sin ninguna duda, su dedicación por su trabajo. El tiempo que invertía en conseguir la mejor imagen posible. Y también esa forma de entender la fotografía como algo total, como una manera de vivir. Me siento muy afortunada de haberlo visto desde dentro.
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