Laura Villadiego: "Cómo consumimos es una declaración sobre el mundo en que queremos vivir"
Las fundadoras de Carros de Combate, Laura Villadiego y Nazaret Castro, participan en el Foro La Región “Consumir es un acto político"
Nombre
Laura Villadiego
Lugar y fecha de nacimiento
Valladolid (1984)
Profesión
Periodista
Foro La Región
Consumir es un acto político. Una radiografía a tu cesta de la compra
Laura Villadiego (Valladolid, 1984), es periodista y cofundadora de Carros de Combate. Ella, junto a la otra cofundadora de la iniciativa, Nazaret Castro, participarán en el Foro La Región del próximo jueves, 4 de noviembre. El título de la conferencia es “Consumir es un acto político. Una radiografía de tu cesta de la compra”, y se celebrará a las 20,30 horas en la sala de conferencias de Afundación. Villadiego asistirá de forma presencial, mientras que Castro lo hará por videoconferencia
¿Qué es Carro de Combate?
Carro de Combate es un colectivo de periodistas, todas independientes y mujeres, y cuyo objetivo es investigar qué hay detrás de lo que consumimos cada día. Esto no sólo hablar de las características de los productos que compramos sino también de la forma en la que se producen, del impacto social y medioambiental que genera la cadena de producción. Esto lo hacemos con cualquier tipo de producto, desde alimentos hasta productos más elaborados como puede ser un ordenador o prendas de ropa.
¿Por qué nace?
Carro de Combate nace porque tanto Nazaret Castro como yo vivíamos en sitios opuestos del mundo -ella en América Latina y yo en el sureste asiático- y escribíamos sobre diferentes realidades, pero cuando se trataba de hablar sobre las cadenas de producción, nos dimos cuenta de que contábamos realidades muy similares estando muy alejadas geográficamente. Teníamos la sensación de que esa información, al llegar a España por ejemplo, parecía que eran realidades anecdóticas, no de que era la forma de producir de la industria.
¿Por qué es tan importante conocer el impacto social, económico y ambiental de lo que consumimos?
Porque define el mundo en el que vivimos. La economía no deja de ser la producción de cosas, es la forma de organización de estados y sociedades. Por esto, nosotras pensamos que es muy importante ser conscientes de que detrás de las industrias, los impactos que generan son globales. Por ejemplo, la emergencia climática es el paradigma de esto, porque las emisiones están externalizadas; esto es, China emite mucho más, no porque lo necesite para su consumo, sino que satisface las demandas de todo el mundo. Y el impacto climático no solo afecta a China, nos afecta a todos.
¿Es nuestra forma de consumir, entonces, nuestra forma de mover el mundo?
Creo que es una declaración de intenciones del mundo en el que queremos vivir. Nosotras insistimos en la idea de que no se debe dejar toda la responsabilidad a los consumidores, y tanto empresas como gobiernos deben implicarse. Lo que sí es cierto es que, nosotros, con nuestro consumo, lo que estamos haciendo es una declaración de qué es lo que nos parece correcto y qué no.
"Es una declaración de intenciones del mundo en el que queremos vivir"
¿Cree que la gente es consciente de que toma este tipo de decisiones?
Alguna sí y otra no. Creo que a una gran parte de la población solo le llega información de lo que consume del marketing y la publicidad o de la información publicitaria y es muy complicado escapar de ese sistema. Además, puede que la gente que está concienciada se agobie, porque individualmente intentan mejorar y ven realidades a su alrededor que no pueden cambiar. Aun así, esto es útil porque es así como se cambian las sociedades, con pequeños primeros pasos que después serán seguidos.
¿Por qué es una decisión política?
Porque la forma en la que consumimos es uno de los elementos definitorios de nuestros sistemas políticos y sociales. Al consumir, lo que hacemos es decir: “Yo quiero que el mundo en el que yo vivo sea de esta manera”, y eso es política.
¿Ha acelerado la pandemia el proceso de concienciación?
En un primer momento se creó algo bastante revolucionario en ese sentido, y es que se dio a conocer la existencia de las cadenas de producción, una idea que la mayor parte de la ciudadanía desconocía. El cierre de fábricas y el desabastecimiento produce que se comience a hablar del proceso que pasa un producto hasta que llega a la tienda y la complejidad que conlleva.
“La pandemia puso de manifiesto la existencia de las cadenas de producción”
¿Modificó los hábitos de consumo?
Activó un principio de solidaridad y empatía que ya empieza a perderse. Se tejieron redes vecinales y nuevos grupos de consumo a partir de las asociaciones vecinales, pero ya hemos vuelto a las viejas costumbres. Y no volvemos porque sí, porque la incertidumbre económica es un factor fundamental para mucha gente, que está más centrada, como es lógico, en llegar a fin de mes que en saber de dónde viene lo que consume. Esto lo que produce es un ciclo sin fin: colectivos vulnerables no se pueden plantear estas cosas, pero precisamente son vulnerables por como funciona el sistema.
Pongamos un escenario ideal en el que todos estamos concienciados, ¿cambiaría el sistema productivo?
En una situación ideal, el sistema cambiaría indiscutiblemente. Lo que habría una multiplicación de los nodos de producción y una relocalización. Los sistemas se centrarían en el punto de consumo, no en el de producción. Desde el punto de consumo se establecería que necesidades hay y como subsanarla de la forma más localizada posible. Además, uno de los grandes problemas de la actualidad es la especialización de regiones, ya que implica que si hay una disrupción, esa región se desmorona económicamente.
Pero tiene consecuencias negativas…
Esto tiene una contrapartida, y es que no tendríamos acceso a todas las cosas que tenemos hoy, y tampoco podremos tener lo que queramos en el momento que queramos. Un ejemplo muy básico es que no habría tomates en enero.
Ahora se acercan campañas como el Black Friday o Navidad, ¿es posible escapar del sistema en estas fechas?
Es que no hay que escapar del sistema, lo que hay que hacer es cambiarlo. Sirve de poco que me niegue a hacer regalos -aunque personalmente lo hago, ya que no me gusta regalar por regalar- pero el objetivo no es evadirnos, es cambiar. Además, estos picos de consumo en ciertas fechas también generan picos de producción, lo que aumenta la ya salvaje precarización del trabajo en los puntos de origen. Si la producción funciona por picos es imposible dotar de trabajo estable a las personas.
“El objetivo no es escaparse del sistema, es cambiarlo”
Además del origen del producto, ¿Es también un acto político dónde adquirimos los productos?
El lugar en el que compramos puede ser el acto más revolucionario. Más allá de decidir exactamente el producto, el lugar donde se compra dice mucho de como se organiza el sistema. Por ejemplo, la proliferación de los supermercados ha producido un reajuste de los sistemas de producción hacia la precarización de los proveedores que dependen de los supermercados; que no pueden salir de ahí, ya que es muy complicado encontrar otros puntos de distribución que satisfagan sus demandas.
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