Mariano Muniesa, periodista musical: “Javier Vargas debería ser mucho más reconocido y apoyado en España”

PRÓXIMO FORO LA REGIÓN

El periodista musical Mariano Muniesa (Madrid, 1967) participará el 10 de junio en el Foro La Región junto a Javier Vargas, una cita que incluirá también un concierto de la Vargas Blues Band. Una de las voces más reconocidas del periodismo musical español, reivindica la figura del guitarrista madrileño, repasa algunos de los grandes momentos de su carrera y analiza cómo ha cambiado la forma de escuchar música en las últimas décadas.

Mariano Muniesa.
Mariano Muniesa. | La Región

Pregunta. ¿Qué representa Javier Vargas dentro de la música española?

Respuesta. Yo diría que es uno de los nombres más relevantes de nuestra música. Su trayectoria se remonta a hace muchos años y ha trabajado junto a grandes figuras, además de desarrollar una carrera muy sólida al frente de la Vargas Blues Band. Estamos hablando de más de tres décadas construyendo prestigio tanto en España como fuera de ella. Ha tocado con músicos como Glenn Hughes, Robert Plant, Carlos Santana o Buddy Guy y es uno de los pocos artistas españoles con un reconocimiento internacional real. Creo sinceramente que debería estar mucho más reconocido y apoyado en nuestro país.

P. ¿Por qué cree que no ha alcanzado un reconocimiento más amplio en España?

R. Porque Javier siempre ha hecho la música que le gustaba hacer. Ha apostado por la calidad y por desarrollar un estilo propio en lugar de seguir las tendencias. Por desgracia, muchas veces se presta más atención a lo que genera grandes audiencias que a la calidad artística.

P. La Vargas Blues Band lleva casi cuarenta años en activo. ¿Cuál es el secreto de esa longevidad?

R. Hay dos factores fundamentales. El primero es la pasión de Javier por la música. Es un auténtico animal del escenario y necesita tocar en directo. El segundo es su capacidad creativa. Siempre está componiendo y trabajando en nuevos proyectos. Tiene una perspicacia enorme y una capacidad de trabajo extraordinaria. Es de esos músicos que están pensando en canciones constantemente.

P. ¿Cómo surgió la biografía de Vargas, “Historias en la carretera”?

R. Siempre pensé que Javier Vargas era una de esas figuras que la merecen. Su historia es fascinante y está llena de experiencias únicas. Empezamos a trabajar juntos en 2022 y el proceso se prolongó durante casi tres años. Pasamos muchas horas repasando recuerdos y reconstruyendo episodios de su vida. Javier es muy perfeccionista y revisamos el libro muchas veces hasta quedar satisfechos con el resultado.

P. ¿Qué fue lo que más le sorprendió durante ese proceso?

R. La determinación que siempre tuvo para dedicarse a la música. Cuando decidió marcharse a Estados Unidos pasó por situaciones muy difíciles, sobre todo a nivel económico, pero nunca se planteó abandonar ni cambiar de rumbo. Siempre tuvo claro que quería tocar blues y rock and roll y se mantuvo fiel a esa idea durante toda su vida.

P. ¿Cómo ve el momento actual de la Vargas Blues Band?

R. Muy sólido. La banda está perfectamente compenetrada y eso hace que todo funcione con naturalidad, tanto en directo como en el estudio. Javier sigue manteniendo intactas sus ganas de seguir creciendo. Continúa componiendo constantemente y buscando nuevos retos.

P. ¿Por qué el blues sigue siendo un género minoritario en este país?

R. Porque llegó tarde y como una música importada. En Estados Unidos forma parte de la cultura popular y en Inglaterra fue revitalizado por músicos fundamentales, pero en España nunca llegó a desarrollarse una escena tan fuerte desde el principio. Eso ha hecho que siga siendo una música muy apreciada por los aficionados, pero con una difusión más limitada.

P. ¿Qué ha cambiado más en los últimos años, los músicos o el público?

R. El público, sin ninguna duda. Mi generación vivía el rock casi como una forma de vida. Hoy la gente es mucho más ecléctica y la forma de consumir música ha cambiado radicalmente. Se escucha música mientras hace otras cosas y cada vez es más difícil que alguien se siente a escuchar un disco completo y profundice en él.

P. ¿Se ha vuelto más superficial el consumo musical?

R. Sí, evidentemente. Hay obras que necesitan tiempo para ser comprendidas y disfrutadas. La música requiere atención y dedicación, pero hoy predomina un consumo mucho más rápido. Hay muchos artistas haciendo trabajos extraordinarios, pero cuesta más que el público conecte con ellos.

P. A lo largo de sus años de experiencia ¿Qué músico le impresionó más en una entrevista?

R. Recuerdo especialmente a Ray Manzarek, el teclista de The Doors. Me sorprendió muchísimo su inteligencia y la claridad con la que analizaba la evolución de la música y de la industria. También guardo un gran recuerdo de Ronnie Wood, porque fue una de las entrevistas más divertidas que he hecho jamás.

P. ¿Y cuál se le quedó pendiente?

R. Jeff Beck. Era uno de mis guitarristas favoritos. Tuve la suerte de verlo en directo, pero nunca pude entrevistarlo antes de su fallecimiento. Sin duda es la gran espina que me queda como periodista musical.

P. Muchos músicos tienen fama de ser secos o difíciles. ¿Es realmente así?

R. En muchos casos no. De hecho, algunos músicos que parecen distantes son simplemente muy tímidos. Hay artistas que son capaces de actuar delante de miles de personas pero se sienten incómodos delante de a un micrófono. A veces parece que no quieren hablar, cuando en realidad lo que ocurre es que se sienten fuera de su propio terreno.

P. ¿Ha habido algún encuentro que le decepcionara especialmente?

R. Más que decepcionarme, ha habido entrevistas en las que el artista no estaba especialmente receptivo. Recuerdo una conversación bastante fría con Chris Robinson que años después se convirtió en una entrevista magnífica. Eso me enseñó que muchas veces influyen el cansancio, los viajes o el momento personal que está viviendo el músico.

P. ¿Qué concierto recuerda como una experiencia irrepetible?

R. Sin ningún atisbo de duda, mi primer concierto de los Rolling Stones en 1982, en el tristemente desaparecido Vicente Calderón. Yo tenía quince años y aquella noche me cambió la vida. Fue el momento en el que entendí que quería dedicarme a la música de una forma u otra y que siempre iba a formar parte de mi vida.

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