POLINIZADORES VITALES
Las abejas, aliadas clave en la regeneración de los montes que ardieron en Laza
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El color negro que dejó el paso del fuego en los montes ourensanos empieza a cambiar con un zumbido. Tras los incendios del pasado verano, que arrasaron buena parte de la provincia, la naturaleza ha iniciado una lenta reconstrucción en la que las abejas juegan un papel clave en su regeneración, al actuar como polinizadoras de las flores de la vegetación que empieza a brotar. Así, la función biológica de estos insectos es determinante en un ecosistema que va dando pasos para tratar de volver a la vida.
Lucía Parente, profesora de Biología y productora de miel, explica que conforme las abejas vayan germinando las pocas semillas que han quedado en las zonas ardidas o las que lleguen volando de zonas que no fueron pasto de las llamas, “elas van axudar a que as especies se sigan reproducindo”. Sin ir más lejos, la principal especie autóctona de los montes de Laza donde se hallan sus colmenas son los castaños, muchos de los cuales ardieron. Parente explica que las abejas “comen nas flores que están saíndo e axudan na polinizacion de castiñeiros, aumentando a produción de castaña e facilitando que se manteñan estas árbores”. No obstante, asegura que “tampouco sabemos cantos castiñeiros dos que arderon nesta zona sobrevivirán”.
José Antonio Pazos “Ñaka”, pareja de Lucía, afirma que la pérdida de fuentes de alimento de las abejas ha provocado fenómenos “moi curiosos”. En las zonas más afectadas, las colmenas que sobrevivieron “están potentísimas e xa teñen mel operculado, cando as únicas floracións que hai son de salgueiro, e teño constancia de que non somos os únicos polo que me conta outro produtor que é de Trasmiras”. Lucía cree que las abejas están aprovechando cada brote de vida que surge entre el negro del monte, fundamentalmente el brezo, dado que “o primeiro que sae na terra queimada é o monte baixo, con especies coma o uz”.
Para Lucía y Ñaka, el incendio del pasado 15 de agosto supuso todo un golpe emocional y profesional. Tras afincarse en 2020 en Soutelo, la aldea natal de él, buscaron un proyecto de vida ligado al rural. En este tiempo han conseguido situar su marca Mel Aialma como “miel de autor” en los escaparates más exigentes, incluido el mercado gourmet de Inditex, y no han parado de cosechar diversos premios nacionales e internacionales.
Sin embargo, el fuego se llevó por delante todo su esfuerzo y trabajo en cuestión de horas. Antes de los incendios contaban con un total de 220 colmenas repartidas por los montes lazanos, una cifra que se vio drásticamente reducida tras el paso de las llamas. Ñaka, quien todavía se muestra desolado por cómo ha cambiado su paisaje diario, recuerda la agonía de luchar contra el fuego que acechaba Marván: “Puidemos sacar o mel, pero non fomos quen de de salvar as colmeas. Xa apagáramos o lume, pero ao día seguinte houbo unha reproducción e, cando chegamos aquí, estaban ardendo as colmeas”.
Lucía y Ñaka trabajan ahora sin descanso para recuperar su cabaña apícola. De las 80 colmenas que tenían en Marván, apenas sobrevivieron 30, que están “partindo” para crear nuevas colonias y trasladarlas a “Alberguería, Camba e Carraxo, os tres puntos de apiarios que temos agora”. Para ello estimulan con alimento a las reinas para que críen con intensidad esta primavera y poder dividir las cajas.
Otro de los puntos con colmenas que el fuego arrasó fue una antigua albariza de más de 300 años. Esta construcción tradicional de piedra, que protegía a las abejas de los ataques de los osos, albergaba castaños que habían crecido en su interior y que también ardieron, dejando en suspenso un proyecto de ruta de senderismo entre albarizas.
La apuesta de esta familia por el rural sigue firme a pesar del golpe sufrido. Su prioridad ahora es que sus abejas siga produciendo miel de calidad, al tiempo que contribuyen a que los montes de Laza recuperen el verdor perdido en el desastre del año pasado.
El presidente de la Sociedad Galega de Historia Natural, Serafín González Prieto, coincide en apuntar que abejas y abejorros juegan un papel “importantísimo” en la polinización, favoreciendo el mantenimiento y la recuperación de la flora. No obstante, puntualiza que por sí solos no pueden recuperar el ecosistema si no se “recupera primero la vegetación que les da de comer”. Añade que animales como hormigas, aves o mamíferos actúan como dispersores de semillas antes que los polinizadores en el proceso de recuperación natural.
Respecto a las amenazas de estos insectos, el experto señala el impacto de los grandes incendios y la avispa velutina, pero destaca el peligro de los pesticidas. Advierte que la inmensa mayoría de insecticidas y fitosanitarios distan de ser “específicos”, por lo que matan tanto a insectos plaga como a los beneficiosos.
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