El mercado enfría su apuesta por el oro con la previsión de que la crisis energética será temporal

Ataque a Irán

El metal subió solo una décima en abril, lastrado por la relajación de las primas de volatilidad, el repunte de las bolsas y una política monetaria poco favorable

Publicado: 07 may 2026 - 17:41 Actualizado: 07 may 2026 - 17:46
Reservas de oro
Reservas de oro | Nils Thies

El oro ha cerrado el mes de abril prácticamente sin cambios, con una subida de una décima con respecto a marzo, atrapado entre la relajación de las primas de volatilidad, el leve repunte de las bolsas y una política monetaria poco favorable, a pesar de que el cierre del estrecho de Ormuz mantiene vivo el riesgo de una disrupción energética persistente.

Para el World Gold Council, esta situación obedece al carácter temporal que los inversores atribuyen al conflicto en Oriente Próximo, que ha hecho perder al metal parte del impulso táctico que suele acompañar a los episodios de tensión internacional; pero también a la recuperación del apetito por el riesgo, que ha limitado el atractivo del oro como activo refugio.

Estos lastres, no obstante, se han visto compensados por la moderada debilidad del dólar y por las entradas en ETF de oro, que capitalizaron de forma llamativa los inversores europeos debido, probablemente, a la mayor exposición del viejo continente al encarecimiento de la energía.

Así pues, la industria del oro no percibe el escenario a corto plazo como especialmente favorable para el valor del lingote, situado actualmente en 4.611 dólares, salvo que la crisis en Irán adquiera un carácter más duradero de lo que hoy percibe el mercado. Según su interpretación, en ese escenario la tesis defensiva del metal volvería a ganar peso, como un instrumento de protección frente al shock.

La conclusión, por tanto, es que en abril pesó más la preferencia de los inversores por activos de mayor riesgo que el temor a una crisis energética prolongada. Sin embargo, la lectura del mercado podría cambiar si el cierre del estrecho de Ormuz se traduce en un impacto más duradero sobre el precio del petróleo, sobre la inflación y sobre el crecimiento económico.

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