El private equity acumula 32.000 empresas sin vender tras los años del dinero barato
análisis
Los fondos mantienen compañías valoradas en 3,8 billones de dólares a la espera de comprador, y casi cuatro de cada diez llevan más de cinco años en su cartera
Durante años, la maquinaria del private equity funcionó con un ritmo relativamente previsible: captaba dinero de grandes inversores, compraba empresas, aumentaba su valor y vendía unos años después con ganancias. Sin embargo, esa rueda lleva algún tiempo atascada: los fondos de capital privado acumulan alrededor de 32.000 compañías todavía sin vender en todo el mundo, valoradas conjuntamente en unos 3,8 billones de dólares.
Así se desprende del último informe global de Bain & Company, que señala que el freno en las ventas persiste incluso después de un año en el que volvieron a moverse con fuerza. De hecho, el año pasado fue el segundo mejor de la serie histórica tomando como referencia el valor de las desinversiones de los fondos especializados en buyouts: aumentó un 47%, hasta 717.000 millones de dólares, aunque el número de operaciones descendió un 2%.
El paso del tiempo permite medir mejor el tamaño del problema. Casi el 40% de las empresas en manos de estos fondos lleva ya más de cinco años en cartera, muy por encima del 29% que se estancaba en 2019, y el tiempo que las empresas permanecen en manos de los fondos antes de ser vendidas prácticamente se ha duplicado desde la crisis financiera: desde los 3,3 años a los que se solía vender una empresa en 2008 hasta los cerca de siete que se necesitan en la actualidad.
El dato importa. Cuanto más tarda un fondo en vender una empresa, más tiempo permanece inmovilizado el capital de sus inversores y menor puede ser su rentabilidad anualizada. Y, según los cálculos de la consultora estadounidense, los rendimientos empiezan a estancarse alrededor del séptimo año y a deteriorarse después.
¿Por qué no se vende?
Entre las razones de este aumento de tiempo de permanencia figuran las dificultades que se están encontrando las gestoras para desprenderse de las empresas con menor crecimiento o perspectivas más inciertas, pero también hay motivos estratégicos. Ante las dudas de los compradores, los fondos están optando por hacer crecer los negocios para venderlos a un precio más elevado, en un intento de no sacrificar su rentabilidad.
El problema se concentra especialmente, según Bain, en las grandes cosechas de inversiones de 2021 y 2022. Muchas de aquellas empresas fueron adquiridas a precios elevados, lo que obligaba a conseguir fuertes crecimientos del Ebitda para alcanzar las rentabilidades previstas, pero la irrupción de la subida de los tipos de interés y otras perturbaciones económicas dificultó el crecimiento empresarial y ralentizó las ventas.
Récord negativo
En este contexto, los analistas radicados en Boston pone el foco en las consecuencias que tiene este atasco en las ventas. Detrás de los fondos de private equity están grandes inversores, como fondos de pensiones, aseguradoras o fondos soberanos, que comprometen capital esperando recuperarlo, junto con la rentabilidad obtenida, a medida que se venden las empresas.
Y las distribuciones, es decir, el efectivo que ha sido devuelto a los inversores, apenas alcanzaron el año pasado el 14% del valor neto de los activos de los fondos. Después de cuatro años consecutivos en mínimos, se considera ya la sequía de liquidez más prolongada en el sector.
La paradoja es que, mientras intenta vaciar las carteras antiguas, el private equity vuelve a comprar con fuerza. El valor de las adquisiciones alcanzó 904.000 millones de dólares en 2025, un 44% más que el año anterior, aunque de nuevo el número de operaciones descendió un 6%.
En todo caso, tal y como figura en el informe de Bain & Co, el sector dispone de alrededor de 1,3 billones de dólares de dry powder —el capital que los inversores ya han comprometido pero que todavía no ha sido invertido— para acometer nuevas operaciones
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