La caída del castrismo, una cuestión de cuándo y cómo

CRISIS EN CUBA

La presión de la administración Trump condiciona el inminente colapso del régimen castrista de Cuba

Bandera cubana pintada  a relieve en un solar de La Habana Vieja
Bandera cubana pintada a relieve en un solar de La Habana Vieja

El presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva el pasado 29 de enero que declara formalmente que Cuba constituye una “amenaza inusual y extraordinaria” para su seguridad nacional, acusando al gobierno de La Habana de albergar capacidades de inteligencia de potencias hostiles, mencionando concretamente bases de señales de Rusia, y de brindar apoyo a grupos como Hamas y Hezbolláh. Nótese que este discurso sigue el mismo patrón que precedió a la “Operación Absolute Resolution”, y es el detalle que ha alarmado in extremis a la opinión pública internacional y a los politólogos expertos: esta es la acción que sitúa el infrarrojo estadounidense en la cabeza del castrismo.

Son las circunstancias más tensas que ha vivido el régimen de La Habana desde 1959 hasta hoy, en materia de relaciones internacionales y gobernabilidad. La captura de Maduro y el resquebrajamiento del chavismo en Venezuela con el subsecuente corte del envío de ingentes cantidades de petróleo, más la inacción de sus aliados políticos (Rusia, China, Irán y México) ha creado un clima de asfixia extrema rematado por el ultimátum de la administración Trump, cuyos reclamos se centran en la urgencia de una transición hacia la democracia. De hecho, Trump ha dicho en varias ocasiones desde el avión presidencial, que hay negociaciones secretas con el gobierno cubano, aseveraciones que Díaz-Canel desmiente con gritos y consignas trasnochadas.

Deterioro incontenible

Huelga describir la situación de Cuba: crisis aguda en todos los órdenes de la vida cotidiana; inicio de una parálisis social que funciona como el principio de una cadaverización sistémica. El castrismo se ha quedado sin discurso ante una población desesperada por el hambre y el avance apocalíptico de las enfermedades, lo que redunda en un deterioro incontenible del statu quo.

Basurero en La Habana, metáfora de un país colapsado.
Basurero en La Habana, metáfora de un país colapsado. | Picasa

La crisis energética es el motor interno del desmoronamiento del orden político. Cuba ha entrado en 2026 con un sistema electroenergético nacional que opera bajo condiciones de falla catastrófica. Los apagones, que afectan simultáneamente a casi el 60% de la isla, ya no son interrupciones temporales, sino un estado de semi-parálisis permanente que obstruye la producción de alimentos, el bombeo de agua y la cadena de frío de insumos médicos básicos.

¿Negociación secreta?

La información más sensible que circula en los círculos de inteligencia y en el exilio cubano apunta a negociaciones secretas llevadas a cabo en México. Según el periodista Carlos Cabrera Pérez, el general Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro y exdirector del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, ha sido el representante de la cúpula cubana en conversaciones directas con enviados de la CIA. La participación de Alejandro Castro es significativa por varias razones. A pesar de haber mantenido un perfil bajo en los últimos años -y de rumores previos sobre su supuesta destitución-, sigue siendo percibido como el guardián de los intereses dinásticos de la familia Castro. Téngase en cuenta igualmente que Alejandro Castro ya tiene experiencia previa en este tipo de negociaciones: fue él quien en el año 2014, participó en los acuerdos diplomáticos con la administración Obama, para el “deshielo” que tendría lugar efímeramente durante 2017.

El objetivo de estas reuniones en México sería negociar un aterrizaje suave para la élite militar y política, buscando garantías de inmunidad y la preservación de activos financieros a cambio de una transición hacia un modelo multipartidista o un gobierno de unidad nacional. El principio de acuerdo que se rumorea incluiría protección legal para los altos mandos de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior que no estén vinculados directamente a crímenes de lesa humanidad; liberación masiva de 800 presos políticos y el fin gradual de las restricciones energéticas a cambio de reformas que desmonten el monopolio de Gaesa. Cabrera Pérez asegura que, según sus fuentes, también se negocia un exilio para la familia Castro, probablemente en Bielorrusia.

Analistas coinciden en que el país se encuentra en una fase donde el Estado va perdiendo el control aceleradamente, y que se necesitarían entre 42,000 y 61,000 millones de dólares para paliar un deterioro que expresa el carácter destructivo del comunismo. La transición hacia la democracia, ya no es una pregunta de “sí” o “no”, sino de “cuándo y cómo”.

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