Venezuela busca supervivientes entre escombros y teme miles de víctimas

GRAN TRAGEDIA

El país sudamericano de Venezuela continúa en estado de emergencia tras el doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 que ha dejado más de 900 muertos, miles de heridos y decenas de miles de desaparecidos, mientras los equipos de rescate trabajan sin descanso entre más de 200 réplicas

Un grupo de rescate traslada a una persona herida al derrumbarse el edificio en la localidad de La Guaira.
Un grupo de rescate traslada a una persona herida al derrumbarse el edificio en la localidad de La Guaira. | Europa Press

Venezuela atraviesa una de las peores tragedias de su historia reciente tras el doble terremoto que sacudió el país el 24 de junio. Dos sismos consecutivos, de magnitud 7,2 y 7,5, golpearon con apenas unos segundos de diferencia el centro y el norte del territorio, desencadenando un escenario de devastación que continúa evolucionando a medida que avanzan las labores de rescate.

El último balance oficial, ofrecido ayer por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, eleva a 920 el número de fallecidos y a 3.360 los heridos. Las autoridades confirmaron además que 383 edificaciones sufrieron daños totales o parciales, muchas de ellas en el estado costero de La Guaira, convertido en el epicentro humano de la catástrofe. Allí, barrios enteros quedaron reducidos a montañas de escombros y miles de personas perdieron sus hogares.

Aunque el Gobierno no facilitió una cifra oficial de desaparecidos, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU estima que el número podría alcanzar los 50.000, una cifra que refleja la magnitud del caos en las zonas más afectadas, donde las comunicaciones siguen siendo inestables y muchos sectores permanecen aislados. En paralelo, las autoridades venezolanas confirmaron que al menos 172 personas continúan atrapadas bajo estructuras colapsadas, aunque se teme que el número real sea mayor.

Búsqueda de supervivientes

La búsqueda de supervivientes continúa sin descanso. Los equipos de emergencia trabajan entre más de 200 réplicas registradas desde el primer temblor, lo que complica las operaciones y obliga a evacuar zonas que ya habían sido intervenidas. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ordenó la militarización del estado de La Guaira para garantizar el acceso de los rescatistas, despejar vías y asegurar la distribución de agua, alimentos y suministros médicos. El aeropuerto internacional de Maiquetía, pese a haber sufrido daños, se mantiene operativo para vuelos humanitarios y ahí están llegando la mayoría de equipos de rescatistas.

La situación en los hospitales es crítica. Muchos centros sanitarios quedaron dañados o saturados, y se instalaron hospitales de campaña para atender a los heridos. La presión sobre el sistema de salud, ya debilitado antes del desastre, es enorme. La falta de electricidad, agua potable y comunicaciones dificulta aún más la atención de emergencia.

El Gobierno venezolano declaró el estado de emergencia nacional y anunció la creación de un fondo de 200 millones de dólares para la reconstrucción, así como líneas de crédito especiales para los empresarios afectados y ayudas directas para quienes perdieron su empleo o su vivienda. Sin embargo, la magnitud del desastre hace prever un proceso de recuperación largo y complejo.

En las calles, la solidaridad se convirtió en un elemento esencial. Vecinos que comparten alimentos, voluntarios que se suman a las brigadas de rescate y redes ciudadanas que recopilan información sobre desaparecidos muestran el rostro más humano de una tragedia que sacudió al país en todos los sentidos.

Mientras los rescatistas continúan removiendo escombros en busca de señales de vida, Venezuela enfrenta una doble tarea: salvar a quienes aún esperan bajo las ruinas y comenzar a reconstruir un país herido. La incertidumbre es enorme, pero también lo es la movilización internacional y el esfuerzo colectivo de una población que, pese al dolor, no renuncia a la esperanza.

El Involcan atribuye los dos terremotos a una zona de alta peligrosidad sísmica

El Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) detalló ayer que los dos terremotos de magnitudes superiores a siete que sacudieron Venezuela se localizaron al norte del país, en una zona de alta peligrosidad sísmica al estar ubicada entre dos placas. Concretamente los terremotos ocurrieron a lo largo de fallas que forman el límite entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana.

La placa del Caribe se desplaza hacia el este aproximadamente dos centímetros al año con respecto a la placa Sudamericana y este movimiento provoca una acumulación gradual de esfuerzos en las fallas. Así, señala Involcan en una nota, cuando la resistencia de las rocas se supera, la energía acumulada se libera de forma brusca en forma de ondas sísmicas, originando un terremoto.

Los sismos afectaron principalmente a los estados de Yaracuy, Carabobo, Aragua, La Guaira, Miranda y al Distrito Capital. En los siglos pasados, en esta misma región, ya se habían registrado terremotos de magnitud similar a los del 24 de junio, entre ellos uno en 1812, cuya magnitud estimada fue de 7,7 y que afectó prácticamente la misma zona, y el de 1900, cuya magnitud se estima entre 7,6 y 7,7 y que afectó principalmente al este de Caracas. Involcan precisa que los terremotos son “fenómenos complejos” y lo que se percibe como un único sismo está formado por varios episodios de ruptura separados por segundos o por decenas de segundos, algo “especialmente habitual” en zonas donde las fallas están muy fragmentadas.

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