Yago Nogueira, el brigadista quemado en el incendio de Oímbra, se reencuentra con Lolo, su rescatista

UN ABRAZO MÁS INTENSO QUE EL FUEGO

Arriesgaron a vida o muerte plantando cara al mismo monstruo, el incendio de Oímbra del pasado agosto. Lolo, el brigadista experto que salvó al joven Yago, cambió su destino “in extremis”. Ambos se han visto por primera vez tras el suceso

Momento en el que Yago, el brigadista herido, se encuentra por primera vez con Lolo, el bombero forestal que le consiguió rescatar en el incendio de Oímbra.
Momento en el que Yago, el brigadista herido, se encuentra por primera vez con Lolo, el bombero forestal que le consiguió rescatar en el incendio de Oímbra. | Miguel Ángel

Las frases más destacadas

Lolo Pérez Peña, brigadista de Riós

“Sabía que se me viña o lume encima, que tiña que baixar, pero antes púidenos rescatar”

“Falábache para darche ánimos e que non te tombases. Só quería saír do perigo”

“Estou seguro de que se me tivese pasado a min, ti (Yago) subirías tamén a rescatarme”

Yago Nogueira Almeida, brigadista herido

“Non teño medo ao lume. Fixen unha barbacoa cos amigos, e, fenomenal”

“Dixen que me ía desmaiar, non podía máis, só pedía que me durmiran da dor”

Así quedó el vehículo en el que iban los brigadistas heridos cuando fueron sorprendidos por las llamas.
Así quedó el vehículo en el que iban los brigadistas heridos cuando fueron sorprendidos por las llamas. | La Región

La situación vivida por Yago Nogueira (Bousés, 2006) durante el incendio de Oímbra impacta, por lo sucedido y por cómo él lo narraba el pasado domingo en este periódico: “Gañeille ao lume porque el está apagado, pero eu sigo aquí”. Su relato ha permitido reconstruir sus horas de lucha en ese mar de llamas que lo envolvió a traición junto a otros dos compañeros brigadistas -Lois y Cristian-, en la pista de As Chás. Pero entre la fatalidad y la superación hay una parte clave aún algo borrosa para Yago: su rescate.

Las piezas del puzle

Es lunes. Habían pasado pocas horas desde la publicación de la entrevista. Suena el teléfono en el periódico y al otro lado saluda con naturalidad el brigadista Lolo Pérez Peña (Riós, 1965). “Boas, Carmen. Fun eu. Son o rescatista de Yago”. Las palabras del joven le habían removido y hasta quitado el sueño. Lo tenía claro, quería verle: “Acordeime moitísimo del estos meses, quero darlle un abrazo e forza”. En minutos, el encuentro estaba organizado. Por supuesto, Yago y su madre Susana, de nuevo, pusieron todo de su parte: “Encantaranos. Que emoción!”. No se habían vuelto a ver desde entonces. Yago ni recordaba a Lolo. En cierto modo, los dos deseaban el reencuentro y contrastar sus recuerdos.

El recorrido desde Oímbra hasta la casa de Yago fue un trayecto marcado por la conversación a borbotones de Lolo. Tenía mucho que rememorar. “Cando hai lume, arrasa con todo”, advertía, mirando hacia el paisaje aún quemado a través de la ventanilla del coche. Pero con ellos no pudo.

Lolo explicando cómo fue aquel día el rescate de Yago.
Lolo explicando cómo fue aquel día el rescate de Yago. | Miguel Ángel

“Tiñamos altas temperaturas e vento. É o pastel ideal para un lambón do doce como é o lume”, explica, señalando las xestas aún negras y retorcidas. “Para!, métete un momento por aí!”, dice provocando un quiebro hacia la carretera desde la que subió monte a través hasta dar con los chicos. Juntos vivieron los instantes más críticos de sus vidas, esos que Yago tiene aún desdibujados, probablemente, por el miedo y el dolor: “Deran orden de non ir, era zona perigosa, pero eu decidín ir a por eles… A prioridade era collelos e sacalos”.

Susana recibe a Lolo en su casa de Bousés
Susana recibe a Lolo en su casa de Bousés | C.R.

El reencuentro

Lolo se baja del coche frente a la casa de Yago. Él sí llega con los recuerdos más vivos que nunca. “Traioche uns bombóns”, dice agarrado a una bolsa blanca. Susana sale al balcón con una enorme sonrisa: “Benvido, xa sei quen es. Subide directos”. Se abre la puerta y la emoción y el agradecimiento infinito se convierten en el único saludo posible. “Salvaches a vida do meu fillo. Para min é impresionante, porque eu, se o tivese sabido, tiverame metido ao ser o meu fillo, pero ti que non o coñecías arriscache a túa vida por el”. Lolo insiste en que no estaba solo, que en el rescate le apoyaron otros compañeros. A dos metros, Yago espera de pie, en silencio y con gesto nervioso escuchando cómo recibe su madre a su héroe. Curiosamente, hoy no se ha puesto el traje especial de compresión que le ayuda a cicatrizar más rápido, como si quisiera mostrarse tal como le marcó ese fuego que tan bien conocen los dos. Se abrazan durante unos sostenidos y apretados segundos. La que solo mira ahora es Susana.

Abrazo entre Lolo y Yago al reencontrarse.
Abrazo entre Lolo y Yago al reencontrarse. | C.R.

Sin perder el tiempo, ambos intercambian sus versiones para componer el puzle completo. “Eu sabía que se me viña o lume encima, sabía que tiña que baixar, pero antes púidenvos rescatar”, le dice Lolo. Yago mira con ojos atentos. “Intentamos localizarvos pola radio, pero acórdaste cando estabas nas penelas? Vímosvos cando fixestes movementos coas mans desde as pedras e foi cando decidimos subir pese ao perigo”, le describe Lolo mientras recuerda que lo primero que le pidió al verle fue agua. A una persona quemada no se le debe dar pero, en todo caso, no la llevaba encima. “Vouche contar a verdade, porque aínda que quixese tampouco levaba auga”, bromea con él y le explica que para subir rápido hasta las rocas en las que estaban atrapados “o único que levaba era o casco, as gafas, a radio e o teléfono. Nada máis porque aliviara todo o peso para ir o máis rápido posible”.

Era un momento de tensión, “estabades asustados e contigo aínda falaba, pero o teu amigo non dicía nada. Contigo falei moitísimo”, algo de lo que Yago no se acuerda, aunque sí tiene grabado cómo sortearon las llamas durante más de una hora y las caídas en las que se quemó la espalda, su cara y las manos, “acórdome de cando me ardeu as costas, que me tiven que tirar ao chan, e de case todo ata o momento no que dixen que xa non podía máis, acórdome á perfección”. Ya no le quedaban fuerzas, pero al escuchar los gritos de Lolo “tiven como un xute de adrenalina, puxémonos de pé e empezamos a gritar como tolos”. Ese momento fue crucial. El brigadista reconoce que estuvo a punto de desistir y dar la vuelta justo antes de oir sus voces. “Nós tivemos a orde de non ir, non por abandonarvos -le aclara-, pero no operativo consideraban que estabades naquela altura e o lume por atrás e o risco era moi grande”. Lolo decidió intentarlo, “e saíu ben”.

“Para vós igual non é nada, pero arriscaches a túa vida e salvaches a do meu fillo” — Susana - La madre de Yago

“Non me acordo de quen me levaba. Quen me baixou a min?”, le pregunta Yago. “Eu e máis un compañeiro, Sebastián”, que consiguieron descender con ellos a cuestas esquivando las llamas y el humo, “sobre todo el tiña moi queimadas as mans e cada vez que lle tocaba éralle insoportable”. Yago también estuvo a punto de rendirse. “Recordo que me dei a volta e dixen que me ía desmaiar… só pedía que me durmiran da dor”. Bajaron unos metros la pendiente y Lolo vio un camino. Pensó que allí sí llegaría un todoterreno. Yago no podía más y si se tiraba al suelo Lolo sabía que el rescate se complicaría, así que avisó rápidamente. “Había unha rodeiriña. Chamei a Proteccion Civil e subiron unha padiola para sacalos”.

Lolo le describe a Yago la situación que se encontró en As Chás.
Lolo le describe a Yago la situación que se encontró en As Chás. | Miguel Ángel

Los minutos pasan y todos siguen atentos a cómo se hilvanan los detalles. “Fuches moi valiente porque andivemos un cacho grande. Botaches moitos ovos, con perdón”, le dice Lolo al que interrumpe Susana para volverle a agradecer el empeño que puso aquella tarde. “Non estaba de ser, non era o día”, repite Susana. Ella lucha a diario con los cuidados de Yago, que ya ha pasado por varias operaciones para reparar su piel y le quedan algunas por delante. “O meu fillo ten a gran sorte de que era moi bonito por dentro e tamén por fóra, e para min o é. Eu véxoo agora así e xa o normalicei. O día que o operen vereino superraro”.

El primer fuego de Yago

Poco a poco, la conversación deja atrás la tensión del rescate y se convierte en una charla propia de dos brigadistas a los que les cautiva medirse con el fuego. “Unha pregunta, Yago, aquela tarde librabas. Fervíache o sangue ao ver o lume, a que si?”. Yago asiente y le resume cómo fue su primer incendio. “Eu acórdome aquí arriba en Videferre, estabamos o capataz e máis eu e apagaramos o primeiro flanco. Estaba de punta de lanza, que o prefiro ao batelume… E chegamos ao pobo e a xente aplaudíate. Que alegría, a min encantábame! Adrenalina pura, era incrible. Se poidera, volvería”.

Se le ilumina la mirada y al preguntarle por su relación actual con el fuego asegura que no tiene ningún miedo, “fixen unha parrillada hai nada cos amigos e fenomenal”. La tarde se echa encima. Lolo y Yago se despiden con otro gran abrazo y acordando verse pronto, en esa ocasión, para compartir una barbacoa.

Así fue el primer encuentro entre Yago y Lolo, en vídeo:

Entrevista con Lolo Pérez, el brigadista de Riós que pudo rescatar a Yago Nogueira:

Contenido patrocinado

stats