LA OPINIÓN
Al loro
¿Y Venezuela? Final de partida. Ha terminado su recorrido hacia Cuba y al final una arrastrará a la otra. Están fatalmente unidos como capturados por los piratas etruscos que castigaban a sus enemigos atando el cuerpo de uno vivo a otro muerto, frente a frente lo más estrechamente posible, y abandonados al mar en una balsa quedaba el muerto pudriendo al vivo. Sin el petróleo de Venezuela, Cuba tiene los días contados.
Hay un gran acuerdo, desconocido por casi todos, en el que los tres grandes están inmersos. No sabemos lo que durará este funambulismo, pero es un hecho necesario para que ninguno de los tres se caiga de lo más alto de la montaña rusa. Trump, Putin y Xi Jimping se necesitan y los que esperan a relevarles en el mando pueden ser peores.
El ataque a Venezuela ha sido organizado desde dos direcciones, desde dentro y desde fuera. Nadie emprende una operación de esta envergadura sin conocer hasta el color del edredón con el que se cubre Maduro. Cuba está en la lista; durará un año como mucho. Caerá sola.
No hay doctrina Monroe; es la doctrina Trump, con la que el que juega pierde.
Cuatro años de guerra en Ucrania. Desolación y esperanza. Trump, con gravedad, nos dice que esa no es su guerra, es heredada y de Europa, aunque 2026 se abre como una posibilidad para su final. No será un proceso fácil ni feliz. Las causas permanecerán durante años, el odio se guardará en silencio; anidará en muchos corazones. Quedarán restos de grupos combatientes sin futuro, familias destrozadas y generaciones enfrentadas. Todo ello es un cóctel muy peligroso.
Hubo y habrá más guerras. Israel y Gaza; Siria, Líbano, Yemen, Irán... También escenarios previsibles en imaginaria alguno tan peligroso como Taiwan.
La guerra es y cuando ocurre nunca se sabe el final. Ponerle fecha es casi imposible y los odios bélicos duran generaciones.
Estamos en un punto de equilibrio en el que el equilibrista ha perdido el balancín y eso le puede hacer caer a uno u otro lado.
En mi opinión se ha avanzado en el camino de la paz y parece irreversible una cierta tranquilidad en Oriente Medio, pero puede ser rota por el movimiento que se gesta en Irán donde el pueblo empieza a hartarse de la tiranía. Claro que la tensión tira de dos extremos y puede ceder cualquiera de ellos.
Es de esperar que el norte de África no se altere. Marruecos está controlada por Estados Unidos, camina hacia un fuerte desarrollo económico y militar, pero su interior político es frágil y está en momentos muy complejos. A España le puede afectar de manera directa. Nos hemos debilitado internacionalmente porque tenemos un Gobierno perdido en sus incongruencias internacionales. No se fían de nosotros. Nuestro poder y prestigio se han visto desvalorados por políticas erráticas muy perjudiciales. En un mundo de intereses nadie se arrima a quien no es fiable. Ahora pretenen repetir lo de Irak. Nos pasará factura.
¿Europa? Es un espectador simplemente. Una zona de vacío político donde se ha perdido la cultura y la historia y tendrá que empezar de nuevo hacia algo desconocido. La novedad es peligrosa porque todo nos separa y poco nos une. Es una Unión Europea que parece agua y aceite, difícil mezcla. La OTAN está en coma; es un hecho.
El año 2026 es de una incertidumbre que obliga a estar con la atención máxima, los gobernantes deberían prepararse para lo desconocido, los ejércitos alertarse y aprender para la guerra futura y las poblaciones pensar que no todo es exigir y recibir. Hay que aceptar recortes y participar en el progreso cada uno de su nación, con sacrificio y solidaridad.
Esfuerzo individual y de conjunto. La Inteligencia Artificial (IA) se tragará a todos aquellos que cedan la suya y abandonen el fusil.
A esta hora que comienza el año 2026 hablarles del futuro de la guerra solo podemos hacerlo como el Oráculo de Delfos, “El oráculo no oculta ni revela la verdad, sólo la insinúa” (Heráclito).
Venezuela se abre a la esperanza. Pero aún es pronto para abandonarse en la victoria.
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