Un albergue de baja demanda, una urgencia para Ourense

Publicado: 18 nov 2025 - 00:40
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En Ourense, cada noche, alrededor de treinta personas duermen en la calle. No son cifras abstractas, son rostros que vemos en los soportales, en cajeros o en portales donde buscan un mínimo resguardo. Otros muchos se cobijan en edificios o casas en ruinas. Y, pese a esa realidad, seguimos sin disponer de un recurso fundamental que muchas ciudades ya consideran imprescindible: un albergue de baja demanda.

¿Por qué es tan importante? Porque no todas las personas sin hogar pueden acceder a los albergues tradicionales, que suelen exigir requisitos como abstinencia, horarios estrictos o una mínima estabilidad personal. La realidad es más compleja. Hay situaciones de salud mental, adicciones, rupturas vitales profundas o simplemente una falta de confianza en los recursos existentes. Un albergue de baja demanda no elimina estas dificultades, pero sí ofrece algo básico: un lugar seguro donde pasar la noche sin condiciones imposibles de cumplir para quien ya vive al límite.

Ourense no puede resignarse a normalizar que más de treinta personas vivan en la calle como si fuera inevitable.

Este tipo de recurso no es solo una cuestión de humanidad y salud pública. También es una medida eficaz para mejorar la seguridad ciudadana. Cuando alguien duerme en la calle, aumenta la exposición a delitos de lesiones a hurtos o conflictos derivados de la falta de privacidad y protección. A la vez, se incrementa el riesgo de que se produzcan pequeños incidentes o conductas desorganizadas que generan alarma en el vecindario. Un espacio seguro y supervisado podría reducir notablemente estas situaciones, proteger a quienes están en mayor vulnerabilidad y disminuir la presión sobre las comunidades de vecinos y sobre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Además, un albergue de baja demanda no es un fin, sino el inicio de una solución que debe preocupar a la ciudadanía. Permite que los servicios sociales y sanitarios tengan un punto de contacto estable para iniciar procesos de atención y deshabituación, desde el acompañamiento psicológico hasta la tramitación de recursos básicos. Sin ese techo, cama o lugar digno, es imposible hablar de recuperación o integración.

Ourense no puede resignarse a normalizar que más de treinta personas vivan en la calle como si fuera inevitable. No lo es. Falta voluntad, coordinación institucional y una mirada más realista y menos paternalista hacia el sinhogarismo. Un albergue de baja demanda no resolverá todos los problemas, pero sí evitará muchos de los que hoy vemos y sufrimos como comunidad.

Es hora de asumir que la calle no puede ser la alternativa. Un recurso así no es un gesto de caridad. Es una obligación ética, una inversión en convivencia y una decisión inteligente para una ciudad que quiere ser más segura, más saludable y, sobre todo, más humana.

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