Opinión

No hay mal que cien años dure

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No hay mal que cien años dure

Los que me conocen saben que soy un defensor acérrimo del refranero español. Nuestros cientos de miles de refranes siempre nos permiten contar con alguno que refleja un hecho, estado anímico o situación. Atendiendo al actual momento, donde la pandemia vírica ha monopolizado prácticamente todo, creo que el más adecuado para catalogar por lo que estamos pasando, porque refleja la dura situación que nos ha tocado vivir, pero al mismo tiempo, permite albergar la esperanza de que saldremos con éxito de este trance es del “No hay mal que cien años dure”.
Y es que el Covid-19 ha trastocado por completo nuestra vida y costumbres. Habrá un antes y un después de esta pandemia, que nos ha demostrado lo frágiles que somos y lo mucho que tenemos que aprender de lo que pueda venir.

Desde el Programa Universitario de Mayores de la Universidad de Vigo (PUM) decidimos de manera inmediata, ante la gravedad de la situación suspender las clases de nuestros alumnos más veteranos, incluso antes de que el Ejecutivo autonómico así lo indicara. El tiempo nos ha dado la razón. 
Paralelamente hemos optado por utilizar, dentro de los recursos disponibles, las herramientas de enseñanza no presencial que nos ha facilitado la Universidad de Vigo, que ha demostrado lo mucho que se puede hacer en muy poco tiempo para mitigar los efectos de no contar con clases presenciales.  Es justo reconocer el esfuerzo que se ha llevado a cabo sobre todo si tenemos en cuenta que nuestra Universidad es presencial.

El profesorado del PUM, al igual que el de grado y master, está tratando de virtualizar todo lo posible la docencia presencial. Somos conscientes de la complejidad de la situación, pero también estamos seguros de la gran profesionalidad de nuestro staff docente, que desde el primer momento en que se suspendió la docencia presencial, se preocuparon de seguir en contacto con el alumnado, proporcionando alternativas a las clases en el aula. 
Para ello, nuestro profesorado ha optado por grabar videos con clases, preparar transparencias, establecer nuevas tareas, etc., de forma que el alumnado del PUM acuse lo menos posible esta falta obligada de presencialidad en las aulas.

Afortunadamente, nuestro alumnado está sobradamente preparado en el acceso a las nuevas tecnologías, por lo que este cambio forzoso no tendría que suponer un esfuerzo excesivo para ellos.  Así nos los demostraron en las encuestas que pasamos sobre habilidades informáticas no hace mucho tiempo. 

Buena muestra de este interés por parte de los alumnos del PUM en materias relacionadas con las nuevas tecnologías es el amplio número de asignaturas que se imparten de contenido informático. En concreto, son cinco materias en el campus de Ourense, que van desde la introducción a la informática hasta el manejo de imágenes en internet, pasando por una sobre aplicación práctica en redes sociales. Un amplio abanico de recursos informáticos que estoy seguro le están siendo de gran utilidad a nuestro alumnado del PUM en estos momentos. 

Finalmente, me gustaría, aprovechando la oportunidad de que me deja La Región de colaborar en este medio, desear a nuestro alumnado del PUM el mayor ánimo en estos complicados momentos. Desde la coordinación esperamos que esta situación se resuelva pronto y podamos volver a aprender mutuamente en las aulas. 
La riqueza que atesora nuestro alumnado es algo que tiene que compartirse. Es nuestro deseo poder hacerlo muy pronto, cuando todo esto se solucione. Termino como empecé, recordando al sabio refranero español con la máxima de "No hay mal que cien años dure".