La Región
ZONA VERDE
La noche en que las hierbas se vuelven mágicas
COSAS QUE CONVIENEN
1 Hacer la risión. Tiene que haber carcajada y mandibuleo en la cosa del querer. La risa es importantísima. Con ella se acorta la distancia entre dos personas y es ahí, y sólo ahí, cuando se accede a todo el conocimiento necesario sobre el otro. En la risa está la mejor intimidad.
2 Las canciones domésticas. No se trata de una lista con canciones a ambas orillas, que también, sino de hacer pequeños himnos para un nuevo folklore privado, con estribillos machacones, letras absurdas, cosas ñoñas y todo tipo de estupideces íntimas. En lo cantado, bailado y recitado está el gran compromiso. Eso ya lo sabían los poetas árabes. Para quien sepa oírlo.
3 Comprender las eras geológicas. Todos tenemos un pasado, con pasajes innombrables, difuntas y difuntos. Es bárbaro desconocer los misterios y reconocer las sombras propias y ajenas, para apreciar las luces que brillan siempre donde están las luces.
4 El cocinismo. En la cosa de la manduca tiene que haber compenetración máxima. Divertirse junto a platos familiares y descubrir juntos sabores y condimentos nuevos, haciendo gran despensa del optimismo para los cambios e infortunios presentes en toda vida.
5 La independencia. Aprender a darse por entero como la conquista de la libertad última, porque dos patrias soberanas forman un planeta compartido en el que dos terminan por sumar cien. Tener a mano aquel proverbio persa: “He mentido lo bastante como para tener derecho a decir la verdad”.
6 El agüismo. Nada como ir dos al encuentro del agua para sellar lo verdadero. Frecuentar fuentes y manantiales y recibir juntos a las ninfas de las aguas es comprometerse con un mandado superior. Lo que sella el agua es lo que sella dios.
7 La visión que no es sueño. Una narrativa ilusionante sin proyecciones, que llega si tiene que llegar, porque el gran secreto es que no hay que llegar a ninguna parte.
8 Los santos amigos. Que saludaremos con pequeños humos rituales y algún exvoto cutre, para amplificar su capacidad mágica. Nada mejor que crear un panteón propio, con toda una cosmogonía de posibilidad. Un amor nuevo es una religión nueva a la que hay que entregarse con una ortodoxia renovada. .
9 La palabra que resuena. Porque pronuncia lo importante en el tiempo justo. Es quizá aquello que no se quiere oír lo que provoca ecos profundos y cambia las cosas de sitio. No es lo dicho. Es cómo esa voz se refleja y prolonga en nuestros adentros.
10 La aprobación del muerto. Nadie mejor que los grandes ausentes omnipresentes certifique su bendición con algún gesto simbólico desde el trasmundo. Quizá torcerse un tobillo, atragantarse con un café o sentir el guiño del mirlo. En esa casualidad, el gran llamado.
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