José María Eguileta Franco
DIARIOS DO PASADO
“Señor das moscas”, de William Golding
No es fácil encontrar calificativos acordes a la magnitud de la tragedia del accidente de Angrois, ni siquiera un año después. Después de este tiempo quedan varias sensaciones: el dolor por la ausencia de las víctimas, las secuelas físicas y psicológicas de los supervivientes y decenas de ejemplos de solidaridad en Galicia. Pero hay también otros muchos vacíos, como por ejemplo la sensación que queda de que un siniestro semejante puede ocurrir en cualquier momento, que las nuevas medidas de seguridad siguen en espera y que siguen por depurar muchas responsabilidades. Sería bueno que el tiempo, de paso que ayuda a restañar heridas (por profundas que sean), sirva para evitar que gravísimos errores como los cometidos hace un año vuelvan a ser protagonistas tiempo después. Es lo mínimo que se puede pedir y es de justicia.
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