Sobre los antepasados

LOS ASUNTOS IMPORTANTES

Publicado: 30 ago 2026 - 05:05
Los asuntos importantes
Los asuntos importantes | TXARKA

Están con nosotros. Si echamos la mano hacia atrás podemos tocar su mano. La mano de los que estaban antes. La de esos que llamamos antepasados. No están tan lejos. Y si nos ponemos a contar todas las manos que han ido tocando otras manos nos sorprenderá saber que todos estamos muy cerca. Apenas 100 generaciones desde la Edad del Hierro. Esto acaba de empezar. Basta coger un poco de perspectiva para imaginar a la banda de humanos que salió caminando de África para expandirse por el planeta. Expandirse y, claro, también extinguir a la megafauna, arrasar con los bosques primarios y matarse entre ellos.

Uno ve la foto de esa tía abuela desconocida, junto al piano, tan elegante en un salón novecentista, cuando el bisabuelo tenía una montaña que llevaba su nombre y el pazo aún no se había venido abajo. Entonces sobreviene ese extrañamiento. El tapetito bordado a mano que cubre el teclado del piano de la foto cubre ahora el que tengo yo en casa y toco cada día para cantarle a los gatos nuestras canciones domésticas. ¿Quién era esta gente? Suyos son algunos objetos que he conseguido acaparar antes de que el siguiente acapare los míos, porque siempre hay un siguiente. A lo mejor es un descendiente sanguíneo o algún comprador de mi propia hipoteca inversa, porque tal vez sea buena idea fundírselo todo y no dejar nada a los siguientes. Quizá sea lo correcto, que esa cosa de acumular es siempre turbia y alimenta los fangos del alma.

Pensemos de nuevo en los antepasados. En esa especie de presencia que sentimos casi en todo momento. Una presencia a la que somos más sensibles desde que hay una pérdida, porque toda muerte es profiláctica y sirve para agarrarnos a la vida. Aquí están, junto al fuego, en el jardín, con el café con leche. Son los antepasados. Si bien, eso de llamar antepasados a los que estaban antes también es raro. Tal vez porque no hay un antes y un después. Nosotros tampoco seremos los antepasados de nadie, apenas somos los que están aquí y ahora, en esta dimensión extraña de la carne y el hueso. Sufrimos de esa idea torticera del tiempo, de algo que va encaminado hacia algo, ensuciada por la cosa del progreso, de la civilización, del mejoramiento… Estas ideas desencantan al corazón. Mejor abrir el espíritu y permitir presencia a todos los muertos que viven en nosotros y la idea de que todo lugar es un lugar de gente múltiple, que piensa y late con el pequeño cuerpo de nuestro yo fastidioso, hinchado de tecnología y de ciencia, ignorante y torpe como un adolescente. Las culturas pequeñas han tenido todo esto mucho más claro. Quizá por eso se las han ido merendando sin contemplaciones.

A lo mejor, la señora de la foto, que mamá conoció en sus días últimos, se sienta al piano, se remanga sus faldrollos y canta conmigo un estribillo absurdo. Y después caminamos por las calles de esta ciudad-catástrofe que un día también fue suya, mientras me susurra que quiere un cucurucho de mantecado… En este verano de sobrecalor, antes de los incendios y terremotos, en estos días de colapso, cuando es imposible imaginar un tiempo hacia delante, lo que otros llamarán futuro, tal vez sea una buena idea convocar a todos los muertos en nosotros y salir a la calle en tromba. Tal vez para recordar que todo tiempo ha sido tiempo de finales y que los principios surgen como los arroyos, en un azar tan inesperado como la misma vida.

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