Afonso Vázquez-Monxardín
Estramadura, e a decisión do PSOE
El Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior. No lo digo yo, es el punto tercero del artículo ciento treinta y cuatro de la Constitución Española. Y lo pone bien claro “el Gobierno deberá”. Una obligación constitucional. Incumplida. Una más.
En el debe de Sánchez figura esta anomalía, siendo suave, democrática. Una inobservancia de la Constitución que constituye una rebeldía ante lo que sentencia nuestra Carta Magna. Porque Sánchez, y su Ministra de los ERE andaluces, ni siquiera los presenta. No critico que no los aprueben, que podríamos porque hablamos del documento básico para desarrollar un programa de gobierno. Denunciamos, y es un clamor, que ni sean capaces de presentarlos. Se encuentran en permanente “período de elaboración” lo que viene a ser un sinónimo de “presupuestos no elaborados”. Suspenso en presupuestos y suspenso en septiembre.
Por tercer año consecutivo otro treinta de septiembre que pone a prueba la incapacidad del Gobierno. Porque la ley de presupuestos es, siempre, la ley más importante del año. Porque sin presupuestos no hay acción de gobierno. Y sin acción no hay gobierno. Y me limito a citar al ínclito Pedro Sánchez –en sus tiempos de oposición- que le indicaba a Rajoy lo que debía hacer si no los aprobaba: marcharse. Ni los aprueba ni los elabora. Está ejecutando, con reprórrogas, unos presupuestos que aprobaron las Cámaras legislativas de la anterior legislatura, un hecho escandaloso. Fueron a las urnas prometiendo el oro y el moro diciéndoles al electorado lo contrario de lo que vienen haciendo. Absoluta falta de escrúpulos, huida hacia delante y pasotismo indignante.
La teoría es clara: gobiernas porque tienes mayoría. Tienes mayoría porque las urnas te la dan. Las urnas te la dan porque el electorado te cree y apoya para ejecutar lo que le prometes. Y para hacerlo necesitas presupuesto. Y aprobarlo. La pescadilla que se muerde la cola. El proyecto trae la mayoría y la mayoría trae el presupuesto. Siempre una máxima irrenunciable, la única forma de funcionar democráticamente. Permanentemente el primer deber de un gobernante. Recuerdo aprobarlos en la corporación provincial de Ourense en el mes de septiembre para que el uno de enero del año siguiente todos los planes, programas y ayudas estuvieran vigentes y operativos. Se busca la certeza y la previsibilidad. Se llama a eso hacer los deberes. Y Sánchez y compañía no los hacen. Ni se presentan. Y por eso no hay suspenso más merecido.
Decía Adam Smith que “el único presupuesto bueno es el presupuesto equilibrado” y , en la España del sanchismo, el equilibrio entre las fuerzas que conforman el “gobierno” es la gran asignatura pendiente: son ya más de ciento sesenta votaciones las perdidas en el Congreso por los partidos que integran el ejecutivo. Y Paul Reynaud , expresidente del Consejo de Ministros de la República Francesa, sostenía que “un presupuesto no es una suma seguida de una resta. Un presupuesto es una política”.
El Gobierno que sumió a España en un apagón sin precedentes continúa con su deriva. Un gobierno que permanece sin luces. Es el colmo de los colmos que la actual Ministra de Hacienda pronuncie conceptos como “senda de estabilidad” en una aventura parlamentaria, la de esta legislatura, que es un auténtico “vía crucis” a la vista de los aquelarres, declaraciones, zig-zags y bailes de sus socios. El gobierno presidido por el marido de Begoña Gómez es el del, como en la presentación y aprobación de presupuestos, “tarde, mal y nunca”.
La paradoja es clara: una empresa no aprueba en tiempo sus cuentas y el peso de la ley la oprime. Un Gobierno no cumple la Constitución y no pasa nada. Ningún ejecutivo se había atrevido a tanto y tan reiteradamente. No hay mejor prueba de su ineptitud. No valen sus simplonas invocaciones al diálogo con todos cuando se quedan solos en la prueba de fuego que tiene todo consejo de ministros: recursos para cristalizar sus propuestas. Dijo Sánchez con la dana que , ante esa extraordinariamente grave y dramática situación, no valían excusas para no aprobar unos presupuestos. Ha pasado un año y lo extraordinariamente grave y dramático es que Sánchez siga presidiendo España.
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