Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Trabajo
CAMPO DO DESAFÍO
Comprendo la incomodidad de la derecha con el caso Maricarmen y los jóvenes acampados en la madrileña Puerta del Sol. El asunto de la vivienda, que desde hace tiempo encabezaba las preocupaciones de los españoles, ha llevado a un segundo plano mediático el problema de Ceuta o los asuntos judiciales que cercan a Pedro Sánchez. La vivienda y la movilización ciudadana lograda es una oportunidad que la izquierda no quiere dejar pasar, y hace bien en intentarlo. No anda sobrada de argumentos efectivos que contraponer a la ola reaccionaria global.
Maricarmen no está sola y eso nos humaniza un poco a todos. Al menos a quienes creemos que las dinámicas del mercado necesitan de cauce y contención. La acompañan quienes hoy acampan en la plaza de todas las revueltas progresistas madrileñas y la izquierda que busca con urgencia símbolos a los que agarrarse. Han sido demasiados los años de mirarse el ombligo tratando de hilvanar mayorías en el Congreso, contentar a los apurados socios catalanes o representar el sainete semanal de ser oposición de la oposición. Mi relativa experiencia me lleva a pensar que el Gobierno ha consumido demasiadas energías en estas batallas y en atender, no lo olvido, la cadena de urgencias, pandemias y desastres que nos han zarandeado ininterrumpidamente desde al menos 2020. En consecuencia, la agenda social, aquella que habría de ocuparse con asuntos tan naturales a la izquierda como la vivienda, los jóvenes, la cesta de la compra o la educación y sanidad públicas, han ido perdiendo potencia y prestancia.
La carestía de la vida, que golpea el bolsillo y las expectativas de muy amplias capas de población, no es toda resultado de los desvaríos de Trump
La sobreexcitada atención a la acampada de Sol o el recurso apresurado al decreto ley son síntomas de las prisas y el querer contentar como sea a unas bases electorales que hace tiempo perdieron la confianza y la esperanza. Con ello se corre el riesgo, constatado tantas veces, de que lo que se retiene o gana por un lado se pierde por otro. En este caso, los pequeños propietarios de viviendas en alquiler, dueños del 92% de la oferta, que se lo pensarán muy mucho antes de ponerlas en un mercado imprevisible zarandeado por la demagogia.
La carestía de la vida, que golpea el bolsillo y las expectativas de muy amplias capas de población, no es toda resultado de los desvaríos de Trump en los escenarios arancelarios o del estrecho de Ormuz, aunque sí la haya agravado. Son problemas que llevan años gestándose y depositándose en las arterias del cuerpo social que escuchaba a la izquierda y que, en la última década, lleva su voto y la gestión de su ira a las marcas de la ultraderecha. Ahora, el pianista encara ya el último movimiento en forma heroica, dramática o vertiginosa. En la vaga esperanza de avivar una emoción.
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