Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Ayudar en vez de grabar la tragedia
CLAVE GALICIA
El vecino pareció decepcionado al escuchar que el periodista salía a la calle a por pan. “Pensé que ibas a la concentración por el accidente de tren en Adamuz”, respondió contrariado.
Desde la noche del domingo ha seguido la evolución de la tragedia y el recuento de fallecidos por televisión con angustia lejana pero sentida. “Yo iría hasta la estación, pero a mis años y con este día”, se disculpó. “¿A ti qué te parece? ¿No te tocó el accidente de Angrois?”.
No era ocasión para disertar sobre el respeto por el buen periodismo de sucesos frente a la ausencia de pellizco para trabajar un género cada vez más enlatado. La noche protegió las imágenes de cadáveres y los vecinos de Adamuz salieron corriendo a ayudar en vez de a grabar la tragedia. Un pueblo ejemplar como lo fue Angrois aquella tarde fatídica del 24 de julio de 2013. Una mujer tapó con una manta y no soltó la mano de Valentín, compañero del periódico que viajaba en el Alvia, hasta que lo metieron en la ambulancia. Meses después, ya recuperado, la buscó para regalarle un colgante de agradecimiento. Los testimonios de los familiares de los 42 muertos y heridos en Córdoba no mienten, manifiestan su gratitud en carne viva.
La noche protegió las imágenes de cadáveres y los vecinos de Adamuz salieron corriendo a ayudar en vez de a grabar la tragedia.
La reacción política está siendo razonable. Los ultrabulos circularon por la redes y por el púlpito de la fuerza política que los propaga, pero se impone la sensatez mientras la investigación no indique más camino que la fatalidad. El tren acababa de ser revisado y la vía renovada. El interés se centra en la atención a las víctimas, el trabajador desaparecido que había librado de Angrois, y la decisión de Renfe, tomada por la tarde, de reducir la velocidad en 150 kilómetros de la línea Madrid-Barcelona para revisar el traqueteo.
Hoy es más seguro viajar en el medio de transporte más seguro, sometido a concienzudos controles, aseguran los ingenieros en las tertulias. Son buenos, expertos en las tensiones de las que hablan. Pero el riesgo cero no existe. Otra tema sería calcular si el desafío físico para seguir rebajando minutos al trayecto en AVE compensa el incremento de probabilidades de accidente. “Corremos para esperar en otra parte, pero tiene que pasar el tiempo hasta que te das cuenta”, dice el vecino de cierre.
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