Mucho dinero, poca inversión

Publicado: 21 ene 2026 - 06:40
Opinión en La Región
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El trágico accidente ferroviario ocurrido el domingo por la noche en Adamuz ha vuelto a colocar en primer plano una cuestión incómoda que durante años se ha esquivado con cifras parciales y anuncios grandilocuentes: la insuficiente inversión real en la infraestructura ferroviaria española. En las horas posteriores al siniestro, el debate público se ha llenado de datos sobre las cantidades destinadas al tramo afectado, citadas por distintos medios y reiteradas por el propio ministro del ramo. Sin embargo, el problema no es solo cuánto se invirtió, sino qué se pretendía sostener con esa inversión. Porque los números, aislados de su contexto, explican poco.

Una posición privilegiada que obliga a una rendición de cuentas más rigurosa sobre el destino y la eficacia de esos recursos. La cuestión, por tanto, no es solo presupuestaria, sino estratégica.

En la última década, el tráfico ferroviario ha aumentado de forma notable. Más trenes, más frecuencias y mayor presión sobre una red que, en muchos puntos, apenas ha sido adaptada a esa nueva realidad. Mantener o incrementar la circulación sin una modernización profunda de la infraestructura no es una apuesta por el transporte público: es una temeridad técnica. La inversión anunciada puede resultar aceptable si se analiza desde la óptica de la mera conservación, pero resulta claramente insuficiente si se tiene en cuenta el incremento de la demanda, la complejidad operativa y las exigencias de seguridad que ello conlleva. No basta con mantener; hay que anticipar.

Resulta especialmente llamativo que este debate se produzca cuando Renfe y ADIF figuran, respectivamente, como el primer y segundo de la lista de mayores receptores de fondos europeos en los últimos años, sin que sepamos dónde está el dinero. Una posición privilegiada que obliga a una rendición de cuentas más rigurosa sobre el destino y la eficacia de esos recursos. La cuestión, por tanto, no es solo presupuestaria, sino estratégica. ¿Se han destinado los fondos a reforzar los puntos críticos de la red o a sostener un crecimiento que no venía acompañado de la inversión necesaria? ¿Se ha priorizado la seguridad estructural o la rentabilidad política de inaugurar servicios? Adamuz no debería convertirse en un episodio más que se diluye en la agenda informativa. Cada accidente es un recordatorio de que el ferrocarril, símbolo de progreso y sostenibilidad, exige planificación a largo plazo y decisiones valientes. Sin ellas, las cifras seguirán siendo titulares, pero no respuestas.

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