Manuel Orío
RECORTES
Andalucía pide paso
TAL DÍA COMO HOY
Mañana comienzan las fiestas patronales de Vitoria se celebran en honor de la Virgen Blanca, y tienen lugar la primera semana de agosto.
Las celebraciones comienzan con la Bajada de Celedón,
Fue inventada en el año 1957 por un grupo de vitorianos deseosos de ofrecer a las fiestas de su ciudad un sello particular.
Crearon el descenso del personaje estableciendo una analogía entre el muñeco y los campesinos de la provincia que se acercaban a la ciudad para celebrar las fiestas.
Crearon el descenso del personaje estableciendo una analogía entre el muñeco y los campesinos de la provincia que se acercaban a la ciudad para celebrar las fiestas. que se realiza en la Plaza de la Virgen Blanca ante una gran multitud que recibe al personaje encendiendo puros y abriendo botellas de champán.
Desde lo alto de la torre de la iglesia de San Miguel, a las seis de la tarde, tras el chupinazo, baja Celedón (un muñeco suspendido por una cuerda) “volando” sobre todos los vitorianos con su paraguas abierto, y llega a un balcón del que sale ya convertido en humano para pasear entre la multitud.
De ahí se dirige hasta la balconada de la Iglesia desde donde da un discurso alentando a todo el mundo a la diversión e inaugurando de esta manera las fiestas de la Virgen Blanca.
Posteriormente, en la noche del 9 al 10 de agosto abandona la ciudad volando hacia el cielo vitoriano despidiéndose hasta el año siguiente.
Celedón nos recuerda a Celedonio Alzola, quien fuera un aldeano originario de Zalduendo de Álava (Álava) y que cada año acudía a las Fiestas de La Blanca en Vitoria, siendo el protagonista de éstas e invitando a todos los ciudadanos y visitantes a unirse a la diversión.
Este dicho se remonta a la época en la que los estudiantes vestían con capa y gorra.
Y sucedía que, como buenos estudiantes, eran dueños de un apetito voraz a causa del tremendo desgaste que significaba responder a las exigencias de las universidades de entonces.
Sumado a esto, como muchos de ellos provenían de lugares distantes de las grandes ciudades a las que acudían en busca de la excelencia educativa, no tenían dónde acudir cuando sus hambrunas eran insostenibles.
Por ello, debían agudizar su ingenio y recurrir a las picardías propias de la edad para poder llevarse algo al estómago.
Uno de esos recursos era meterse “de colado” en las celebraciones de bautizos, cumpleaños o casamientos importantes, repartiendo reverencias y ceremoniosos gorrazos (saludos hechos con la gorra) y permaneciendo mudos y aislados durante la celebración para no ser detectados por los anfitriones, pero dando cuenta de los apetitosos manjares que se servían para la ocasión.
De ahí que a esta clase de “invitados” se les llamase despectivamente capigorrones, de donde -por analogía- surgió la expresión comer de gorra, en alusión al hecho de poder hacerlo merced a los saludos realizados con ese elemento.
Mucho tiempo después, en el siglo XX, comenzaron a pulular cantantes e instrumentistas populares que realizaban su actuación en la vía pública y que recogían la limosna dada por los transeúntes, en un sombrero o gorra que depositaban en el suelo.
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