Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
La cuenta de la autovía
LA CIUDAD QUE TODAVÍA ESTÁ
Hay paseos que uno debe prescribirse por norma. Paseos de cabotaje, sin grandes ni ambiciosas distancias pero sí paseos con una suerte de método. Porque es al caminar los lugares domésticos cuando podemos estar en el ahora mismo, que es la forma más clara de eternidad. Conviene, por tanto, elegir una ruta sencilla, fácilmente ejecutable, para seguirla con firmeza y entregarse a la repetición para conseguir lo distinto. Así funciona el corazón y sus conexiones sensibles, que comprenden lo cotidiano cuando se sublima, que descubren la grandeza de la vida cuando se la da por inexplorada y podemos conseguir atravesar las capas de verdad veladas sobre los días sucesivos. Y para eso no hay que hacer grandes preparaciones, ni encenderse el pecho con una oración previa. Basta caminar sin prisa, con el espíritu templado, ocupándose del paso que sigue al siguiente y dejando el ojo blando para posarse en lo conocido y rescatar de eso mismo la mejor de las sorpresas.
Una de esas rutas que voy haciendo mías es caminar desde la estación de Renfe hacia el centro, recogiendo toda la verdad que se puede recoger en esta Auria de superficie y cruzando el gran río que es el verdadero y eterno gobernador de esta ciudad empeñada en darle la espalda. El puente romano-medieval sigue ahí pasados los siglos, con menos arcos y menos ojos, permanece y eso es ya un milagro. Podría dejar estar y tampoco pasaría nada, me temo. Sin embargo está. Está el puente y está el río. Y esto ya es muchísimo.
Mantiene un pavimento de adoquines muy honestos que también es justo celebrar
Es además un puente peatonal, que también podría seguir permitiéndose el tráfico a motor y sospecho que tampoco nadie se llevaría las manos a la cabeza. Viniendo de la estación, uno desciende la vieja ladera y consigue, con más o menos fortuna, ver el inicio del puente y el gran espacio abierto que hace el río, que es un espacio abierto en nosotros mismos, donde el pensamiento se vuelve más ancho. El arranque es ahora una terraza muy molesta y el paseante debe abrirse paso entre los terracistas, que son muchos y muy alegres.
Traspasado este molesto umbral, ingresamos en el puente, ahora sí. Mantiene un pavimento de adoquines muy honestos que también es justo celebrar, porque podrían haberlo asfaltado para sorpresa de nadie para que pasara, por ejemplo, el ridículo trenecito que va a las termas. Así que asistimos al espectáculo del gran río, que abre al paisaje y permite comprenderlo. Nos regalamos el gran horizonte del caldero glaciar donde se ha levantado esta ciudad nuestra y saludamos a los cormoranes con las alas al sol en las rocas de abajo, o a los racimos de golondrinas y aviones que florecen desde sus nidos en los arcos góticos del puente.
Pensamos en las malogradas orillas, castigadas como carretera de circunvalación, con infraestructuras abusonas como el pabellón o el centro comercial y esos prescindibles puentes modernos, alguno elegido como el más feo del mundo. Lo que debería ser un bosque de ribera es una mala noticia, porque la ciudad ha dado siempre la espalda al río. Pero al cruzar el puente casi todo se perdona. El vividero se hace amable. El río, aunque lo estrangulen y embalsen, sigue bajando desde que no estábamos aquí y seguirá bajando cuando dejemos de estarlo. Saludar al “pai Miño” se siente como un regalo y, si se hace de noche, alumbrados por la línea de luces que ilumina el puente con discreción, permitiendo ver más allá, es incluso mejor. Uno comprende que forma parte de algo grande. Cruzar el río sigue siendo algo poderoso. Esta grandiosidad todavía no se la pueden quitar a la ciudad.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
La cuenta de la autovía
Carlos Risco
LA CIUDAD QUE TODAVÍA ESTÁ
El puente viejo que permiten seguir siendo viejo
Rosendo Luis Fernández
"No hay tutía"
Julián Pardinas Sanz
Una “verdad” bajo sospecha
Lo último
PREVENCIÓN DE INCENDIOS
Anillos de desbroce total alrededor de aldeas ourensanas de cara a agilizar trámites
PREVENCIÓN DE INCENDIOS
Solo uno de cada siete dueños de fincas en Ourense atiende la advertencia de limpiarlas
PODCAST Y VÍDEO
El primer café | Miércoles, 6 de mayo