Jesús Prieto Guijo
LA OPINIÓN
Pogachitar
TRAZADO HORIZONTAL
Parece un barco fantasma abandonado a su suerte, como los ciudadanos de Ceuta. Parece un barco a la deriva, como este Gobierno descarriado y sin rumbo anclado desde el abordaje del poder como bucanero caribeño sin conciencia ni ética. Parece un barco pirata, como esos notorios de la cloaca sanchista desde Ábalos a ZP. Pero en realidad es un barco restaurante fondeado en la playa de Silgar de Sanxenxo, en Pontevedra, con más banderas que la ONU de las Naciones desunidas.
No parece una patera repleta de inmigrantes con urgencia de tocar tierra. No es una barcaza ilegal abarrotada de niños y embarazadas en busca de una vida mejor. No es una balsa con magrebíes engañados por Marruecos para usarlos como invasores de la avanzadilla reivindicativa contra territorio español. No es un cayuco de las mafias cuyos ocupantes tendrán derecho a votar a Pedro Mareta por su efecto llamada y su permisiva y electoralista política migratoria. No se trata de una narcolancha de esas que le cuesta vidas a la Guardia Civil porque Interior no dota a nuestras fuerzas de seguridad con medios y equipamiento debidos. No se trata del Bribón de antaño ni del Hispania de la Armada en el que compite Felipe VI, al que Moncloa ha pasado de prohibirle pisar suelo ceutí a señalarle para que hable con su colega Mohamed, también sexto como nuestro monarca, pero mucho más rico y menos demócrata. Este Ejecutivo republicano, que evitó que el rey presidiera el Consejo de Seguridad Nacional, dice que Felipe VI irá a Ceuta y Melilla “cuando se den las condiciones”, es decir, cuando le convenga a Sánchez para que Marruecos no se haga el ofendido y siga callando el volcado de su móvil y el descifrado de Pegasus.
El Ejecutivo dice que Felipe VI irá a Ceuta “cuando se den las condiciones”, cuando le convenga a Pedro Sánchez
Agosto claudica como mes del calor y del eclipse, pero sobre todo como el mes del abandono gubernamental de Ceuta y la frontera española en África. Agosto termina como la vergüenza nacional e internacional del Gobierno, cuya dejación de funciones en la invasión masiva de territorio español será recordada como una felonía histórica de traición al Estado. Agosto se agota, como esta Legislatura terminal podrida por los cuatro costados y robada a los españoles y las urnas con la compra de una investidura falsaria e inmoral.
En Sanxenxo, Benidorm, la playa donostiarra de la Concha o la Costa Brava no se ven decenas de miles de inmigrantes ilegales alcanzando tierra a nado. Pero la España de vacaciones está expectante ante la cuenta atrás electoral. Entre el pijerío vacacional y el turismo raso se ve cada vez más integración multirracial. Los inmigrantes legales trabajan y viven en España como ciudadanos iguales, pero las trampas de la regularización masiva, la ley de nietos y la permisiva gestión del asalto a Ceuta generan un efecto llamada peligroso e invasor que viola territorio español y agita la conciencia política contra este populismo sanchista tan demagogo y desalmado.
Seguirá coleando lo de Ceuta y el presidente en bañador hasta la próxima polémica, hasta el próximo informe de la UCO que devuelva a Pedro Mareta a la realidad de su final y su horizonte judicial por corrupción sistémica. Los septiembres son duros por la vuelta al trabajo y la rebaja de peso, por la vuelta a la normalidad personal y la nueva anormalidad política. Y Pedro el implacable pasará al ataque, ya lo ha hecho con medidillas a destiempo y el relato del racismo y la ultraderecha, para volver a engañar a sus socios y a los españoles con la presentación de presupuestos o un giro inesperado de guion que descoloque a la oposición. Sus sabuesos estarán buscando fango con el que ganar argumentario del tipo ático de Ayuso, pero sus días están contados para la mayoría de los españoles, los jueces y la oposición. No habrá paz para los malditos de la política tramposa, de modo que es cuestión de meses que el sanchismo perezca en su intento de supervivencia y perpetuidad, con ese tramoyista ministro que se ofrece como sucesor de Pedro para que se hable de eso y no de la vergonzosa gestión gubernamental de la crisis de Ceuta.
No es una patera, ni un cayuco, ni un bucanero pirata. Es la barcaza sanchista que naufraga como el Titanic mientras su tripulación, incluidos sus infames socios que hacen la vista gorda con la corrupción, sigue tocando como una orquesta enloquecida que se ahogará en el hundimiento del régimen. El barco se va a pique con toda la tripulación, empezando por el capitán con aires de almirante que gobernó su travesía como un pirata y no como un marino de orden y ley. El barco se hunde y su gobernante lo sabe, porque muchos ya han empezado a abandonar al capitán.
Sólo los marinos ministros, incluido el teatrillo contradictorio de Robles y Marlaska, sucumben al hechizo embaucador de Pedro Popeye, incapaz de que la sociedad, la UE y la oposición confíen en él después de tantas mentiras, engaños y traiciones. Tratará de llegar al próximo verano con decretos ley, propaganda y el apoyo de la brunete sincronizada, empeñada en exorcizar a Feijóo, culpar de todo a los fachas o a Aznar y faltar al respeto de los españoles que no le bailan el agua a este bucanero. Pedro el pirata ha decaído en Jack Sparrow.
El presunto sucesor Óscar Puente se postula como candidato a reemplazar a Pedro Sánchez en un futuro próximo. Pero ojo, dentro de 4 años, según sus propias palabras, lo que sería una desgracia para España, a juicio de la oposición y una gran mayoría social. Este sanchismo obstinado y terco pretende hacer creer al personal que a Pedro le queda una legislatura fantasma que sólo aparece en los cálculos del ministro tuitero, primer sanchista a la orden del jefe. En realidad, esta culebrilla de verano de Puente, este puente de rescate edificado en la imaginación del “hooligan” socialista de las redes, obedece a un interés claro de desviar la atención de la crisis de Ceuta y de la corrupción. Buen intento del alumno sanchista aventajado, pero no cuela. Sin embargo, esta iniciativa entusiasta de Puente no ha gustado, porque los votantes no hacen la interpretación oficialista debida y creen que se ha abierto el melón sucesorio. Puente debería saber que el único y gran sucesor de Sánchez será el propio Sánchez, porque su ego es tan grande que se cree irreemplazable. Lástima que la gran mayoría de españoles no piense lo mismo.
Antonio Garamendi será reelegido presidente de la CEOE por tercera vez consecutiva tras no inscribirse ninguna otra candidatura. El pasado 24 de agosto terminó el plazo de presentación de candidaturas, de forma que el próximo 1 de octubre será proclamado presidente de la CEOE. De esta forma, Garamendi gobernará la patronal para disgusto del Gobierno y los sindicatos hasta el año 2030. De todos es conocido el desencuentro permanente con la viceministra prêt-à-porter, quien, por cierto, fue vista este verano por Sanxenxo haciendo compritas de ropa, se supone que con su dinero. Lo que pagamos nosotros fue el despliegue de escoltas que la acompañaban, como ocurrió con Sánchez en La Mareta, donde había más vigilancia y agentes que en Ceuta. El empresario vasco se convertirá en el presidente más longevo de la patronal tras José María Cuevas. De esta forma, Antonio Garamendi será presidente en plena cumbre iberoamericana de noviembre, que se celebra en España. Con 68 años, Garamendi celebrará la próxima reunión de la CEOE en Ceuta. Se llama conciencia empresarial frente al populismo divisivo y frentista gubernamental.
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