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El homenaje tributado en octubre de 2010 por sus colegas, incluido el entonces Presidente del comité de árbitros de la Federación Española de Fútbol Victoriano Sánchez Arminio, fue revelador de la labor, competencia, impronta y humanidad de Bernardino González. No faltó nadie en Ourense para arropar al mejor compañero y un gran referente de su profesión. Muy difícil superar el nivel cualitativo y cuantitativo de quien se acercó hasta Ourense (sin AVE entonces) para mostrar el cariño que merecía uno de nuestros mejores deportistas de todos los tiempos.
Su autoridad dentro y fuera del campo había marcado una etapa del fútbol español, especialista como nadie en arbitrar en campos difíciles y en los ambientes más hostiles, sin dudar si tenía que expulsar del terreno de juego a quien flagrantemente violara el reglamento que tenía la obligación de aplicar llamárase Zinedine Zidane o Ronaldo Nazario (este último, según parece, por decirle “eres un fenómeno” tras discutir así una decisión de su silbato). Como buen árbitro exhibió la justicia que también define su carácter en el ámbito privado y personal.
El mundo del arbitraje no lo dejó escapar y siguió contando, a todos los niveles territoriales, con altas responsabilidades autonómicas, nacionales e internacionales, gracias a la rectitud de su trayectoria, avalada por la escarapela FIFA que obtuvo en 2005 y su experiencia en ejercer de juez en los mejores estadios del continente, incluidos los correspondientes partidos de la Champions League. Su posterior labor “juzgando al juzgador” evaluando la labor de los árbitros y ayudándolos a mejorar es también digna de reseñar en estas palabras que sólo pretenden dimensionar la figura de un ourensano ejemplar.
No dudé cuando tuve la oportunidad de atraerlo a mi proyecto político
No dudé cuando tuve la oportunidad de atraerlo a mi proyecto político. Él tampoco lo hizo, y es de agradecer, porque tenía en aquel momento ofertas más que apetecibles desde todos los ámbitos, incluido formar parte del staff de uno de los grandes clubes del fútbol español. Por supuesto también otras opciones políticas, y desde las más altas magistraturas, quisieron contar con su aportación. Sólo puedo elogiar su labor en el ayuntamiento de Ourense y su profesionalidad y rigor en su etapa en el gobierno provincial. El prestigio que aporta Bernardino es innegable, su capacidad de relación con cualquier estamento y el respeto que suscita hacen más fácil cualquier política deportiva y la visibilidad que siempre pretendimos en aras de la fortaleza y proyección de nuestra actividad. Tenía la llave de las puertas que tocábamos y el resto lo completaba su buen hacer. Contaba, y cuenta, con lo que en derecho romano se conoce por “auctoritas”: la autoridad socialmente reconocida. Apasionado de la formación, del trabajo en equipo y de la discreción, pues sabía que nunca puede uno presumir de amigos, y menos públicamente. Un modelo de servidor público.
Su criterio siempre era el resultado de un análisis concienzudo de la situación, valorando todas las opciones y presentando siempre varias posibilidades pensando siempre en el interés de Ourense. Tenía la capacidad de sentenciar porque ese había sido siempre su trabajo desde que optó por vestirse de negro en un campo de fútbol después de una lesión cuando jugaba en el Seixalbo. Su mentalidad “alemana” (es un ourensano nacido en Frankfurt am Main) le ayudaba a tener la clarividencia necesaria para no verse influenciado por nada ni por nadie. Acataba cualquier decisión del grupo al que pertenecía después, eso sí, de expresar su opinión sobre cualquier tema. Humanamente es de lo mejor que he conocido y con coincidencias personales tan simpáticas como que comparto fecha de cumpleaños con la de su hijo.
Su “fichaje” para dirigir el estamento arbitral en Albania sirve para incrementar su prestigio internacional y nuestro orgullo por llevar Ourense a un país europeo clave, al norte de Grecia y separado de Italia por el mar Jónico. Felicito a los albaneses porque no dudo que elevará su status deportivo y facilitará las relaciones con las organizaciones arbitrales internacionales. Nada mejor que una persona que siempre hace del respeto, la discreción, la lealtad y el trabajo sus señas de identidad. ¡Enhorabuena Bernar!
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