Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Sedentarismo
Más español es el inmigrante que contribuye con el fruto de su trabajo honrado a la riqueza del país, que el nacional que no ha dado un palo al agua en su vida. Así, con el decreto de regularización de medio millón de trabajadores extranjeros, la población de España alcanza ya, y en términos de derechos y obligaciones iguales para cuantos la componen, la cifra redonda de los 50 millones. Agradan las cifras redondas, y más aún debe gustar un acto político de justicia como el de la regularización que rescata a tantas personas de la marginalidad y la explotación.
Una palabra de sensata y afectiva acogida que el estado español ha tardado en pronunciar, y que al hacerlo se ennoblece tanto como se enriquece con el bien que a cambio recibe.
Medio millón de seres humanos que han recalado en nuestro país, la mayoría hispanohablantes, en busca de lo que a ninguno puede negarse, la oportunidad de una vida digna, han encontrado merced al decreto regularizador del Gobierno de España la vía legal para lograrlo. Ya tendrán papeles, esos que el laberinto sin salida de una ley burocrática perversa que les exigía permiso de residencia para poder trabajar, y permiso de trabajo para obtener el de residencia, les había estado negando. Bienvenidos. Una palabra de sensata y afectiva acogida que el estado español ha tardado en pronunciar, y que al hacerlo se ennoblece tanto como se enriquece con el bien que a cambio recibe.
Huelga abundar en los beneficios que recibe nuestro país con una inmigración trabajadora regulada y respetada. Son muchos. Desgraciadamente, también son muchos, o cuando menos eso revelan las encuestas de intención de voto, los que se horrorizan con ese decreto que reconoce en el inmigrante su condición de ciudadano, de persona, y como tal acreedora de los derechos básicos inherentes a ella. Hay quienes los preferirían como hasta ahora, clandestinos, asustados, esclavizados, explotables, pero ésta vez la política nacional, que hoza de ordinario en una charca miserable, ha tenido un gesto de altura y de humanidad. Bienvenidos, pues. Medio millón de bienvenidas.
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