Sonia Torre
UN CAFÉ SOLO
La calle ocupada
UN CAFÉ SOLO
Manuel es una persona dinámica, con gran sentido del humor. Le encanta estar en la calle, socializar, quedar con distintos grupos de amistades y disfrutar de pequeños placeres cotidianos, como compartir una larga sobremesa después de una comida. Como a casi todo el mundo. Pero eso era antes. Ahora apenas sale de su casa. Dice que se han ido aflojando las ganas, flaqueando las fuerzas y que el ánimo ha iniciado una caída al vacío que no sabe cómo evitar.
Hace años sufrió un brutal cambio en su vida, sus piernas ya no podían moverse y, en ese momento, el mundo se le cayó encima. Llegó un largo tiempo de asimilación, de sufrimiento, de dolor, de impotencia, de rabia, de depresión y al final consiguió, con gran esfuerzo, adaptarse a la nueva vida que le había tocado. Tras varias rendiciones y viajes en una montaña rusa de sensaciones que empezaban y acababan sin que tuviera el control, llegó la calma. Manuel, a pesar de las limitaciones impuestas por su situación, apostó por mantener en lo posible su independencia y ganó. O eso parecía. Ahora, asegura con mucha tristeza, salir por la ciudad en silla de ruedas se ha convertido en una dura carrera de obstáculos para la que siente que ya no tiene energías de reserva. Las terrazas que se comen los espacios peatonales, los vehículos aparcados en aceras y plazas, las publicidades que lo obligan a maniobrar continuamente o el tráfico constante por zonas supuestamente libres de coche han ido ganando terreno a medida que a él se lo quitaban. Se siente muy cansado.
En Ourense, según datos de la Xunta de 2025, 23295 personas tienen alguna discapacidad física. Y no se lo estamos poniendo nada fácil. Tenemos que ser más conscientes, desde nuestros privilegios inconscientes, de las barreras que creamos cada día.
A estas barreras se suman, además, contratiempos habituales con los que ha tenido que lidiar casi a diario. Encontrar la plaza de aparcamiento para personas con movilidad reducida ocupada por quien no tiene derecho a ella o con un vehículo que no ha respetado el espacio marcado impidiendo que pueda acceder a su coche. Tener las ruedas de la silla constantemente manchadas con chicles que se tiran al suelo, con saliva ajena o con excrementos de perros que nadie ha recogido. Tropezar con accesos imposibles porque no existen rampas adecuadas o verse obligado a desistir de entrar en locales que no cuentan con baños adaptados correctamente. Demasiadas dificultades que, en este momento, lo han arrastrado al pozo del abatimiento.
En Ourense, según datos de la Xunta de 2025, 23295 personas tienen alguna discapacidad física. Y no se lo estamos poniendo nada fácil. Tenemos que ser más conscientes, desde nuestros privilegios inconscientes, de las barreras que creamos cada día. El entorno de Manuel confía en que pronto retome las ganas y vuelva a salir. Él tiene dudas. Pero puede que si todos evitamos actos poco cívicos y somos más conscientes de la diversidad del mundo, él recupere la calle.
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