La camelia

JARDÍN ABIERTO

Publicado: 18 ene 2026 - 02:35
Opinión en La Región
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Hay flores que deslumbran por su exuberancia y otras que conquistan por su equilibrio. La camelia pertenece a este segundo grupo. De apariencia perfecta, pétalos firmes y brillo sereno, florece cuando el invierno aún se resiste a marcharse. Tal vez por eso, desde hace siglos, esta flor ha sido interpretada como un símbolo de resistencia, elegancia y belleza duradera.

La camelia es originaria de Asia oriental, especialmente de China, Japón y Corea, donde se cultiva desde hace más de dos mil años. En China, su presencia está documentada desde tiempos antiguos y siempre estuvo asociada a la nobleza y al refinamiento. No era solo una flor ornamental: una de sus especies más importantes, Camellia sinensis, es la planta del té, base de una de las tradiciones culturales más profundas del país. El té convirtió a la camelia en un elemento cotidiano, espiritual y económico, estrechamente ligado a la vida social, a la contemplación y a la filosofía oriental.

En Japón, la camelia , conocida como tsubaki, adquirió una dimensión simbólica singular. Su flor, al marchitarse, cae entera, sin perder la forma. Este gesto natural fue interpretado como una metáfora del honor y la muerte digna, valores fundamentales del código samurái. Por esta razón, la camelia fue admirada por su belleza, pero también contemplada con respeto y cierta solemnidad.

El viaje de la camelia hacia Occidente comenzó en el siglo XVIII, cuando comerciantes y exploradores la introdujeron en Europa. Pronto despertó fascinación en los círculos aristocráticos, donde se convirtió en una flor de moda, apreciada por su simetría, su resistencia y su aire distinguido. En el siglo XIX, su popularidad alcanzó su punto más alto, especialmente en Francia, donde adornó salones, tocados y jardines privados.

La simbología de la camelia es tan rica como diversa. En términos generales, representa la perfección, la admiración y la fidelidad.

Fue la literatura la que terminó de consagrarla. En 1848, Alexandre Dumas (hijo) publicó “La dama de las camelias”, una novela inspirada en su relación con la cortesana Marie Duplessis. La protagonista, Marguerite Gautier, siempre llevaba camelias, y la flor pasó a representar el amor idealizado, la fragilidad, el sacrificio y la elegancia melancólica. Desde entonces, la camelia quedó asociada al romanticismo, al lujo discreto y a una belleza que esconde dolor y renuncia.

La simbología de la camelia es tan rica como diversa. En términos generales, representa la perfección, la admiración y la fidelidad. En el lenguaje de las flores del siglo XIX, regalar una camelia significaba: “Eres perfecta a mis ojos”. El color matiza su mensaje: la camelia roja habla de pasión y amor profundo; la blanca, de pureza, respeto y elegancia; la rosa, de ternura y gratitud. En algunas culturas asiáticas, la flor simboliza el espíritu y las hojas el cuerpo, una unión armónica que expresa amor eterno y equilibrio entre lo físico y lo espiritual.

Hoy, la camelia sigue presente en jardines históricos, parques urbanos y celebraciones florales. En muchos lugares se la considera una flor patrimonial como es el caso de Galicia, que alberga algunas de las colecciones de camelias más importantes de Europa, con ejemplares centenarios que florecen cada invierno, desafiando el frío y la lluvia. Pazos como Rubianes, Oca, Quiñones de León o Santa Cruz de Ribadulla son auténticos santuarios de esta flor, donde se conservan variedades históricas y especies singulares.

Más allá de su valor ornamental, la camelia se ha integrado en la vida cultural y social de Galicia. Es protagonista de fiestas locales, publicaciones especializadas y proyectos de conservación patrimonial. Incluso ha trascendido el ámbito del jardín para convertirse en imagen de marca, asociada a calidad, tradición y cuidado del territorio.

La camelia no se marchita con las modas. Atraviesa épocas, culturas y miradas con la misma serenidad con la que florece en invierno, encarna una belleza que no necesita imponerse.

@achillea.flowers

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