Casañas Pedrares, lo llevas en la sangre

LA OPINIÓN

Publicado: 22 mar 2026 - 04:20
Hugo Casañas, en una competición.
Hugo Casañas, en una competición. | Europa Press

Hace 40 años, Helena Hedlund dejaba la fría Suecia para mudarse al clima tropical de Luisiana e ingresar en los equipos universitarios de voleibol y atletismo. Destacó como heptatleta, pues su padre ya era especialista en pértiga. Allí se topó con otro genio de lagarrocha, Greg Duplantis, que con 5,80 coqueteaba con el récord del mundo. Se enamoraron bajo el listón y establecieron su casa en Lafayette construyendo una pista doméstica para que sus hijos entrenasen entre los arbustos del jardín. Tuvieron cuatro.

Todos finalistas universitarios pero, en 1999, produjeron oro puro. Armand Duplantis viene de batir su décimoquinto récord mundial y elevar el techo del orbe a unos inauditos 631 centímetros, 15 más que su ídolo Lavilleine que ya había destronado al titán Bubka. Los seguirá estirando hasta lo indecible pero, tan joven, ya está sentado en la mesa de los grandes mitos.

De casta le viene al galgo. Entre el ARN espermático y el ADN mitocondrial, la genética puede determinar hasta el 80% del rendimiento físico, incluyendo capacidad aeróbica, fuerza y estructura muscular. Pero no hay que irse tan lejos para corroborarlo. En el año 2000 se disputa el Campeonato Iberoamericano en Río. Allí convergen dos colosos de los lanzamientos. El habanero Frank Casañas es el que más lejos dispara con el disco. La tudense Loli Pedrares hace lo propio con el martillo. Ambos se miran con respeto en el podio y con sonrojo en el hotel.

Hugo aprende rápido, fuerte y lejos. Desde muy pequeño acude a los entrenamientos en carrito e imita la técnica. Hoy colecciona muescas en el revólver.

En un paseo por Copacabana se regalan unas piedras de artesanía. Ellos no lo saben pero están rubricando un imperio. Unos meses más tarde, Mirka Vavrinec y Roger Federer tejerán otro romance mimético en Sídney. No se ven durante dos años, pero la semilla está sembrada. Loli viaja a Cuba para entrenar con Yipsi Moreno y sucede lo inevitable. En 2006 se casan. En 2009, como los Duplantis, producen oro puro con linaje de campeón: Hugo Casañas Pedrares. “El chaval va de maravilla”, dice su padre. Su ojo clínico no miente, pues tiene cinco Juegos en la buchaca y dos diplomas olímpicos. Loli se quedó a 36 centímetros en 2004 pero es tetracampeona nacional y sabe moldear gemas. El padre le habla de “disfrute y sacrificio”. La madre lo entrena en la calma: “hay seis lanzamientos y uno es el que vale, no pasa nada si uno sale mal, como todo en la vida”.

Hugo aprende rápido, fuerte y lejos. Desde muy pequeño acude a los entrenamientos en carrito e imita la técnica. Hoy colecciona muescas en el revólver. Como sub16 ostenta seis récords nacionales de disco y siete de peso así como cinco mejores marcas lanzando con artefacto sub18. Ahora que ha subido a esa categoría, ha pulverizado los dos registros vigentes, desterrando un registro que resistía 30 interminables años. También ha llegado a poseer dos plusmarcas mundiales y ya mira de reojo a los absolutos en un salto que llegará pronto.

Su munición se guarda a buen recaudo en la santabárbara del centro de Pontevedra. Su padre y Gus Dacal, otra bestia lanzando cachivaches, custodian sus sueños. También los de Fernando, Xiana, Victoria, Lara, Lidya, Sabela y Aitana, porque hay arsenal para rato. Mondo superó los 5,80 metros de su padre Greg a los 17 años. En la casa de los Casañas Pedrares se hacen apuestas. Frank lanzó a 67,91, Loli a 67,14 y Hugo a 66,32. Cada uno en lo suyo. El pequeño le dice al grande que le superará y que irá a más Juegos. Este le contesta que ponga toda la carne en el asador para conseguirlo. Que no se despisten, que la pequeña de la casa, Olivia, ya apunta maneras.

@jesusprietodeportes

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