Sergio Otamendi
CRÓNICA INTERNACIONAL
Nuevo ultimátum
El país se ahoga en un océano de corrupción. Las cloacas asoman a la superficie y el hedor es insoportable.
Día tras día, aparecen nuevos escándalos, y la clase política cayó en un descrédito generalizado. No se cree en ella ni en sus promesas. ¿Cómo hemos podido llegar a esta situación? ¿Es que hasta ahora los responsables de la cosa pública desconocían estar navegando sobre un piélago de inmundicia moral?
Resulta patético observar a líderes de altas responsabilidades intentando distanciarse de gente que ellos mismos auparon y a los que dieron tanto poder. Dicen, al respecto, que desconocían la madera de la que estaban hechos; al fin, no son más que víctimas de traidores.
Dicho lo que antecede, ahí van unas preguntas: ¿Los ciudadanos sabemos elegir bien a los que van a gobernarnos? ¿Tenemos la voluntad suficiente para promover a los mejores, o entregamos el gobierno a demagogos y arribistas?
Ortega sostenía que en España y a lo largo de la historia, se practicó una "selección inversa": se prefirió el indecente al honesto; el ignorante al sabio; el educado al filisteo.
En fin, en este país nuestro viven gentes inmersas en la caverna de Platón: confunden las sombras con la realidad; entregan el voto a políticos fantasmas y dan de lado a personas con auténtica vocación de servir a los intereses de todos.
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