Silencio por la niña de Brión

CLAVE GALICIA

Publicado: 22 may 2026 - 06:40
Opinión de Xabier R. Blanco
Opinión de Xabier R. Blanco | La Región

La actitud más compasiva es sumarse al minuto de silencio convocado en Brión por la muerte de la niña de dos años que el padre olvidó en el coche y "no ahondar más en lo que pasó", como pidió el alcalde Pablo Lago. "Nos podía pasar a cualquiera, andamos todo a correr, siempre a contrarreloj". Pobre padre. Atendió una llamada después de dejar a su hijo mayor en el colegio y se metió directo al taller sin pasar por la guardería. La niña se quedó en el coche y el día salió caluroso. Pobre madre. Se encontró con la ausencia de la cativa al ir a recogerla a las tres de la tarde.

Pobre familia de O Porriño que pasó por lo mismo hace tres años. Ellos sí comprenden lo que están penando en Brión. Su hijo también tenía dos años. La desgracia retuerce el desgarro. Lo más complicado es perdonarse.

Los que conocen al padre manifiestan respeto y cariño por un hombre muy trabajador y buena persona en las redes sociales y en los comentarios a la noticia . Los que juzgan con lejana frialdad cargan su opinión de culpa. Algún comentario es de canallas, pero no se asusta el que no mira. También hay quien aporta ideas para que no vuelva a suceder, como un chivato en el coche de fábrica o un protocolo en las guarderías para llamar en caso de falta no justificada como hacen los centros de día al pasar lista a los abuelos. Pasará menos o no sucederá en el coche pero pasará como las fatalidades. Puede que antes de que el padre se olvide de culparse.

Hace años en un velatorio en la Costa da Morte alguien contó una historia para exponerle a la vecina las consecuencias de aceptar hacerse cargo de un nieto. En la parroquia de Camariñas donde la tierra se precipita en el océano, un matrimonio había dejado al hijo de unos dos o tres años criándose con la abuela mientras se ganaban la vida en Suiza. Una tarde de calor la señora decidió poner la colada a clareo mientras el nieto jugaba a su lado con un caldero, pero lo perdió un instante de ojo y se lo encontró con la cabeza dentro del cubo y ahogado en cuatro dedos de agua. Al reproducir la anécdota de memoria queda la duda de si el chófer de anécdotas se repite en el folio. Puede que haya salido cuando sucedió la desgracia de O Porriño. Y casi seguro que no será la última vez. Pasó. Silencio.

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