Maribel Outeiriño
TRIBUNA
Recordando la inolvidable labor de Don Xesús Ferro Couselo hizo por Ourense
LA CIUDAD QUE TODAVÍA ESTÁ
Hay que quererse mucho. Quererse mucho y plantar árboles, que del malquerer vienen todos nuestros derrumbes como especie. No hace falta buscar muy lejos las razones del descarrile de esta civilización porque están aquí mismo. La separación del hombre con la tierra es el mayor de los problemas. Ése es el pecado original y no morder ninguna fruta ni seguir el consejo de ninguna serpiente (que son, además, seres magníficos y antiguos de quienes deberíamos aprender). El cielo ya está en la tierra y es esta tierra la que hay que cuidar. Alejarnos de la vida, envenenar las aguas, asesinar a los seres sensibles con los que compartimos planeta es nuestro verdadero apocalipsis. Por eso hay que ajardinarse, darse amor, cuidarnos como se cuidan las flores y los parterres suntuosos.
Mientras tanto, son pocos los árboles que aún podemos contemplar en la ladera para que nos devuelvan con su presencia alguna certeza, una posibilidad
Una humanidad buena tendría que ser una humanidad florecida. Una humanidad jardinera, una humanidad con la sabiduría suficiente como para habitar este planeta sin herirlo ni abusar de todo lo abusable, extrayendo todo lo extraíble, quemando todo lo quemable. Y desgraciadamente hace falta una profunda transformación de los sentidos de piedad y comprensión. Una transformación profunda, para no reaccionar a golpes, para no ver en el otro a la alimaña a exterminar, para tener el corazón lleno de sustancias buenas que puedan polinizar en los otros.
Este rinconcito del periódico viene a hablar de Auria. Quiere ser un espacio donde inventariar los trozos de ciudad aún rescatable, las vísceras sanas en un organismo que colapsa. Traerlas al presente antes de que sean memoria y tengan que ser certificadas cadáver por algún paseante-forense. Y cuando uno piensa en recobrar el vínculo sagrado con la naturaleza, teniendo presente que en la lucha contra ella será el hombre quien perderá, intenta recordar lo que queda vivo bajo el asfalto tuttifruti de esta ciudad. Aquí se acaba de talar y cementar el maravilloso jardín de El Posío, que quedará irrecuperable y de muy mal gusto para muchas generaciones. Precisamente por ello hay que dispersar todas las semillas posibles para reverdecer los corazones endurecidos y pensar que vendrá una primavera con espíritus conmovidos, a la altura espiritual del paisaje.
Mientras tanto, son pocos los árboles que aún podemos contemplar en la ladera para que nos devuelvan con su presencia alguna certeza, una posibilidad. Pasa con este cedro del Atlas en la Alameda del Concello. Tiene el vigor y la presencia suficientes como para haberse repuesto de podas, talas y clareos sucesivos que pretendían darle luminosidad al palacio de justicia, porque los hombres entienden que los edificios son más importantes que la transpiración divina y la sombra gloriosa de los árboles. Que siga este cedro ahí es ya algo heroico. Y que se le haya permitido crecer y enraizarse en un subsuelo que muchos convertirían en párking tiene más de hazaña aún. Este cedro crecido, vecino de los ramplones plátanos (en lo que un día fue alameda y ahora es apenas un arenal iletrado), es una puerta a la conmoción. Quizá un niño de los pocos aún no conectados a las pantallas se fije en su tronco cremoso y ambos comiencen una conversación silenciosa pero gratificante. Con certeza salvará la vida a las familias vecinas que puedan ver su cimbreo de clorofila desde sus ventanas y la vida en esta calle-colina tendrá un aire menos enrarecido del pasar impune de coches (recordemos que la zona de bajas emisiones no pretende regresar la ciudad al peatón, sino postergar el cochismo). Por eso hay que agradecer a este amigo que respire por nosotros, que guarde en su corazón la luz del sol, que convierta la brisa en verdad al hacerla voz entre sus ramas. Eso, si el tráfico permite escucharla.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Maribel Outeiriño
TRIBUNA
Recordando la inolvidable labor de Don Xesús Ferro Couselo hizo por Ourense
Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
“Todo lo contrario a la medicina"
Carlos Risco
LA CIUDAD QUE TODAVÍA ESTÁ
El cedro de la alameda del Concello
Fernando Lusson
VÍA DE SERVICIO
El cohete y la pluma
Lo último
DECLARACIÓN JUDICIAL
Duelo vecinal en Leiro: a golpes con la silla, un nunchaku y gas pimienta
PODCAST Y VÍDEO
El primer café | Miércoles, 11 de marzo
ESPACIOS CERRADOS
Ourense, víctima de la inacción municipal