El cohete y la pluma

VÍA DE SERVICIO

Publicado: 11 mar 2026 - 06:10
El cohete y la pluma.
El cohete y la pluma. | José Paz

El cohete y la pluma es la metáfora que se utiliza para describir la subida de los precios de forma inmediata cuando se produce una crisis como la desatada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, que se refleja en el incremento de los precios de los combustibles y, en consecuencia, de toda la cadena de producción y transporte, y la lentitud con la que esos precios se reducen una vez que ha terminado la situación de emergencia. En este proceso suele haber unos claros vencedores, “los que pesan y miden son los que viven” decía un refrán antiguo a los que ahora es preciso añadir a aquellos que producen, transportan o comercializan la energía, y también hay unos perdedores evidentes, los consumidores que son quienes pagan la subida de precios y aquellos productores, singularmente en el sector primario, que ven cómo el alza de los precios en destino no repercute de la misma forma en sus costes de producción.

El PP, como siempre, considera que la mejor forma de hacer frente a las consecuencias de la inflación es deflactar el IRPF para que los trabajadores cuenten con más dinero en sus bolsillos

La subida de los precios de los combustibles ha sido tan relevante que causa sorpresa que se haya producido con la velocidad que han registrado, cuando se supone que la gasolina y el gasoil que dispensan los surtidores estaban en sus tanques desde hace tiempo y fueron comprados al precio anterior a que se desatara la guerra y comenzaran los problemas de suministro. Pero a nadie ha pillado por sorpresa la reacción de los proveedores de los productos derivados del petróleo, porque han actuado del mismo modo en otras ocasiones sin que hasta el momento se haya puesto coto a esa reacción. De ahí que la mayor organización de agricultores, COAG, haya pedido a la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia que estudie de oficio la causa de la subida de precios de los combustibles y quién está manipulando el mercado a su favor al igual que la especulación en la venta de fertilizantes. O sea, unos empresarios contra otros en una batalla desigual, y al ciudadano le suena a lo mismo que ocurre con el incremento de precios de transporte y hoteles cuando se produce una catástrofe.

Pero puesto que no se ve una salida inmediata a la guerra, se trata de encontrar medidas para paliar sus efectos sobre la cesta de la compra en su conjunto. Si fuera verdad que está a punto de acabar, según una de las últimas declaraciones de Donald Trump, el efecto sobre la inflación sería asumible, pero de continuar los enfrentamientos, como desde Teherán han dicho que la guerra acabará cuando ellos decidan es necesaria la adopción de medidas que palíen la situación. Y aquí vuelven a enfrentarse dos modelos de cómo hacerlo. El presidente de la patronal y el PP abogan por la rebaja del IVA en combustibles y alimentos, pero esa decisión tiene el riesgo, ya demostrado, de que no se traslada a los consumidores ni de forma inmediata ni en su totalidad, y el beneficio de la reducción del IVA se queda por el camino. Las subvenciones directas tienen el problema de que al beneficiar a todo el mundo por igual tienen su punto de injusticia, pero son más rápidas y eficaces. El PP, como siempre, considera que la mejor forma de hacer frente a las consecuencias de la inflación es deflactar el IRPF para que los trabajadores cuenten con más dinero en sus bolsillos.

En cualquier caso, se hace necesario un nuevo escudo social que proteja a los ciudadanos del alza de los precios y de otras situaciones que empeoren su vulnerabilidad. Desde la izquierda se recrimina a los partidos de la derecha que no aprobaran el que se presentó hace unas semanas, que contenía ayudas para los autónomos, y presionan al Gobierno para que instaure unas medidas similares a las puestas en marcha tras el comienzo de la guerra de Ucrania con un nuevo decreto anticrisis, a lo que se muestra remiso, dada la volatilidad de la situación, pero que no irá en la dirección de intervenir el mercado, y quedará la sensación de que ya llega tarde en la defensa de la ciudadanía. Y la experiencia dice que una vez que suben los precios como un cohete, la bajada de la inflación sucede como la caída de una pluma.

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