Centenarios en una impensada provincia. ¿El mejor deportista de todos los tiempos?

Publicado: 28 nov 2024 - 00:54 Actualizado: 28 nov 2024 - 00:55

Me saludo con un amigo, de excelente cabeza y movilidad no desdeñable, el cual frisando los 90, que a propósito de esto le digo que recopilando desde el domingo hasta el jueves hallé que las defunciones rondaban los 90, el lunes bajaban a los 77-82; el martes: 81-45; el miércoles: 90-95-99-101, y el más bajo,75; para el jueves: 98-94-91-86. Concluimos que vivimos en un mundo de centenarios y donde acaso una frustración morirse antes de los 80 o que digo, de los 90. Estos de la semana anterior y de este martes aparecen defunciones de 91-99 y 92.

Mientras divagamos brevemente sobre esto le recuerdo su paso por varias redacciones en la Radio, la Voz, La Región y, sobre todo la Diputación y sobre su longevidad activa. La provincia, ahora de moda por sus altas tasas de edad, se convierte en lugar de estudio para los genetistas que habrán de convenir que la dieta atlántica tanto como la mediterránea la vida alarga.

Me hallo de improvisado encuentro, aunque vecinos, con Auriestela, docente que fue en su último destino del Instituto del Puente, con una hija y su otra colega en el mismo Instituto, Carmucha Pérez-Ávila, que siempre me trae a la memoria a su padre, el reconocido abogado José Pérez Ávila, que moraba en una histórica casa de la Plaza Mayor y disfrutada de su pazo de A Pena, en Rozabales, Manzaneda, donde se ubica el famoso castiñeiro, y de una numerosa familia de solo hijas. Intercambio más que de cumplidos, de siempre sonrisas y amistad que estas mujeres irradian.

Me llaman para que opine de Rafael Nadal y su proyección como figura mundial del deporte, opinión de quien no lo vio en directo pero si le ha seguido a través de la televisión. Insiste, el colega en esto de escribir, que estamos ante el mejor deportista de todos los tiempos en nuestro país.

Yo, a pesar de tanto nadalista dispuesto a posicionarse en pro de su figura, disiento de esa generalizada opinión.

Si el tenis de Nadal nunca me subyugó, aun reconociendo sus logros en los que demostró un tesón, una fuerza de voluntad, una inquebrantable fe en si mismo para levantar el partido más difícil, y como consecuencia un palmarés que inalcanzable parece, como federista que soy, yo hallaba en el suizo ese arte de hacer fácil lo difícil, de esa elegancia en cada golpe, de ese levitar por la pista golpeando en suspensión su magnífica derecha, y con un revés de una plástica insuperable, lo que me parecía todo un arte, del que tampoco se debe desposeer al tenista balear, detentador de un estilo propio capaz de asumir ese slogan de Roland Garros: ” La fortuna pertenece a los más tenaces”, o ese otro de Wimbledon: “Si te encuentras con el Triunfo o la Derrota, trata a esos dos impostores de la misma manera”.

Sin embargo cuando me dice el periodista quien es el deportista más grande todos los tiempos, lo siento, pero conociendo las hazañas deportivas siderales, más allá de lo humano, de un chico llamado Killian Jornet que no tiene a esos miles de espectadores en una grada o de televidentes por millones, aun subiendo al Everest dos veces seguidas, una de ellas desde el campo base a la cima y vuelta en 26 horas, y por si fuera poco, otra del mismo corte a los dos días, pero en 20 horas, de quien ha hecho la singular hazaña de ascender 82 cuatromiles de los Alpes de Suiza, Francia, Italia, en 19 días, con uno de descanso, salvando un desnivel acumulado de 75.000 metros.

Corriendo, y montando en bicicleta para salvar las distancias más largas, esquiando, y no solo eso, sino que, en años anteriores, en una semana todos los tres miles pirenaicos, copas del mundo de trail por todos los continentes, carreras de montaña, del kilómetro vertical, ascendiendo además más rápido a cualquier cumbre que todos los demás, ítem de un sinfín de logros más, para mi, en conclusión, éste es el mejor deportista jamás habido en la faz de la Tierra, y con esa vitola me quedo.

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