Chicho Outeiriño
DEAMBULANDO
Tanto que ver por los urbanos márgenes
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Evoca Soutomaior como al linaje de ese bastardo, don Pedro Alvarez de Sotomaior, el Pedro Madruga, del escritor Vasco de A Ponte, aunque por eso, el más sobresaliente, por sus hazañas, oponente al propósito de los Reyes Católicos de someter a la levantisca nobleza galaica, con la tacha de represor de Irmandiños, desde sus castillos de Soutomaior, Sobroso y señorío de Caminha. Pues desde este lugar de Soutomaior, que es iglesia con pazo o rectoral cabe a las municipales lindes de A Merca, perteneciente a Taboadela, fuese el lugar elegido de partida para una caminata de docena de kilómetros, y media, de caminantes que admiramos la casi ruina de ese pazo, rectoral o palacio como en los mapas figura. De ahí, partidos, nos hallamos como sobre la autovía vistos sus automóviles desde la cima, cualquiera concluiría que en caso de impacto, el coche más que laminado, atomizado, cuando se comprueba que no es así por los elementos de seguridad incorporados que determina, las más de las veces, que solo heridos. Un milagro de la tecnología. Y mientras se comentaba esto que esbozado, recuperado el resuello, a punto de vencer la durísima rampa, penetramos en el lugar de Curuxeiras o Coruxeiras como en algunos mapas figura. Cierto temor daba ese nombre en el pasado por esa asociación con el ultramundo por lo de curuxas, esas rapaces nocturnas de canto que al Risco Carlos, mas que fúnebre, se le antoja como celestial en una vivaz noche.
De entre varias intersecciones de térreas pistas, relictos de una parcelaria concentración, despistados más por la conversa en la que embarcados y por ello por falta de atención, dimos en los aledaños de San Vitoiro por la norteña ladera, más luego atinaríamos por pista hacia la aldea Celeiros que si agora no bodega, como su etimología demanda, si de mucha restaurada casa donde una vez generoso vecino nos proveyó de casi cuantos limones que de su árbol pendían, que muchos y relucientes. Al proseguir, Campos y Compostela, dos restauradas aldeas como si de juntanza intencionada para evocar el campus stellae o campo de estrellas o via Láctea no reservado en exclusiva para Santiago, mientras paralelos a un regatillo que da origen al rio Barbadás , de Pontón o Muiños donde allí en el 45 una formidable tromba de agua, por agosto, crearía un inmenso embalsamiento, como si de la ruptura de una gran presa vertiendo hacia la ciudad dejando un balance de media docena de ahogados. A los ojos de profano urbanita concebir no se podría tal desplome acuoso. Ah, por cierto, solamente sabemos de otra Compostela allá por la frontera suroccidental.
Por la umbría que ya escasamente proporcionan álamos, abeduls, sauces, alisos discurriendo en un tramo arribaríamos de cierto resuello hasta la cima del castro de San Marcos en una espléndida, por luminosa y soleada mañana, para hacer asiento de comensales expuestos a una ligera brisilla que la solaina mitigaba.
Toma de cafés en a Telleira, que me dice la afín Isolina, que la tejera de la que derivó el nombre le vino dada por la industria que su abuelo levantó.
Andaduras dominicales de tanto reposo en las cosas, antaño esbozadas, ogaño enraizadas, en esta florida y aromática primavera impregnan el espíritu cuando las fuerzas no dan para alcanzar las cumbres por las que antaño con ligereza caminabas. Ahora no debe uno lamentar sino disfrutar de un tiempo que antes fugaz para escuchar tantos trinos por el bosque y aprender a distinguir ese canto de las aves que tanto se expande en los amaneceres como empalidece a mediodía y se incrementa en el ocaso. “Ricos juzga a sus hijos pues les deja la libertad, las aves y la liga”..., como el poema horaciano, que más bucólico sin la liga para cazar pajarillos, que tan abundantes deberían ser como para hacer sentir que no era un problema una caza que nunca conduciría al exterminio. Nosotros, por la infancia y rozando la adolescencia andábamos de cazata de aves con trampas, rateras, flechas o tirachinas e incluso escopetas de balines, cuando la conciencia ecológica diluida por tanta religiosa prédica de que todos los seres vivos al hombre pertenecían.
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