Arturo Maneiro
PUNTADAS CON HILO
El Gobierno de los líos
En la gestión de la inmigración, de la regular y y de la irregular, está casi todo dicho y casi todo legislado de tal forma que cada cierto tiempo se pone el acento en la intensidad de las medidas a aplicar, ya sea sobre el control de las fronteras para que no entren quienes no tengan los permisos requeridos, o para expulsar a quienes tengan comportamientos ilegales y problemas de integración. Para regular los flujos migratorios se apela a las necesidades del mercado laboral, con preferencia de migrantes que ya lleguen formados y a las relaciones con los países de origen para que organicen su traslado y ayuden en la lucha contra las mafias del tráfico de personas.
La ‘Declaración de Murcia’ de los barones del PP, en los aspectos relacionados con la inmigración, aborda todos estos asuntos más uno reciclado que sirve para dar cuerda a la cometa de un problema que es más político que real, por cuanto en él se juega el vaivén de un millón de votos entre el PP y Vox: el establecimiento de un visado en el que sumarían puntos el idioma, la confluencia cultural, la voluntad de trabajar dónde se les necesitara y otros aspectos más por desarrollar entre los que estarían la voluntad de integración, cumplimiento de la legalidad y el conocimiento de la Constitución, la misma de la que muchos políticos nacionales conocen por el título sin preocuparse de desarrollar sus derechos.
Se da la circunstancia de que la integración es un proceso de ida y vuelta, que al deseo de integrarse ha de corresponder una política y una actitud social que la favorezca
El carné -visado- por puntos tampoco es una cuestión novedosa, dado que se aplica en distintos países como Canadá o Reino Unido, y a la vista está que tampoco en ellos ha resultado una medida muy eficaz. El ‘premier’ británico, Keir Stamer, arrollado también por la ola antiinmigración trumpista y la presión de su ultraderecha ha endurecido el discurso contra los que llegan a su país de forma irregular y contra los que están ya dentro, que no trabajan o que no se integran y que son carne de deportación.
Se da la circunstancia de que la integración es un proceso de ida y vuelta, que al deseo de integrarse ha de corresponder una política y una actitud social que la favorezca. Los datos vienen a corroborar que la inmensa mayoría de los inmigrantes viene a trabajar como lo demuestra la aportación de los migrantes al crecimiento del PIB y al mantenimiento de los servicios sociales que ellos usan en una menor medida, pese al mantra de que vienen a vivir de las ayudas y subsidios. La integración de los migrantes latinoamericanos es más fácil razones culturales -idioma y religión, sobre todo-, pero lo mismo ocurre con los de religión musulmana o de otras razas, que son acogidos por sus comunidades en pueblos y ciudades de España -como ocurría con la emigración española-, o que utilizan nuestro país como estación de tránsito para dirigirse a otros en los que se encuentran familiares o amigos. Cuando se habla de integración, sucesos como los de Torre Pacheco ofrecen el reveso de la moneda y como se crea un problema donde no lo había.
La mejor forma de integración es la regularización de los inmigrantes que llevan ya tiempo entre nosotros trabajando y aportando, y aún lo harían más con sus papeles en regla, como demandan, incluso, los empresarios que necesitan mano de obra. Sobre los inmigrantes recién llegados o por llegar, subrayar que la inmensísima mayoría van allí dónde hay posibilidades de trabajar, y si no ocurre como en la crisis de 2012, que muchos de ellos abandonaron España en busca de nuevos mercados de trabajo.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Arturo Maneiro
PUNTADAS CON HILO
El Gobierno de los líos
José María Eguileta Franco
DIARIOS DO PASADO
Escavacións arqueolóxicas nas orixes de Ourense: a praza da Madalena
Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Fraga, el primer pasajero
Isaac Pedrouzo
¡ES UN ANUNCIO!
Cuestiones de familia
Lo último