Alfonso Villagómez
Por qué no puede el Congreso exigir elecciones
VÍA DE SERVICIO
La contundente sentencia del Tribunal Supremo en el “caso mascarillas” sobre el exministro de Transportes, José Luis Ábalos, -a la vez “número dos” del PSOE nombrado por Pedro Sánchez-; de su mano derecha, Koldo García, y del corruptor de ambos, Víctor de Aldama, reconvertido en colaborador con la Justicia para desentrañar el caso y obtener beneficios penitenciarios, quiere ser vista como el “caso Gurtel” del PSOE, es decir, una sentencia que debe tener consecuencia políticas inmediatas en forma de dimisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por la responsabilidad in vigilando de lo que hacía su principal colaborador, o como ocurrió tras aquella sentencia sobre el PP, porque los socios parlamentarios que sostiene su gobierno le retiren su apoyo. Pero la diferencia sustancial es que la trama Gürtel surgía del seno del PP para su financiación ilegal, mientras que el trío Ábalos, Koldo, de Aldama actuaron por su cuenta y, en el caso de Ábalos, fue depurado por el PSOE.
La concomitancia entre ambos asuntos es la corrupción y su efecto disolvente sobre la confianza en las instituciones democráticas
La concomitancia entre ambos asuntos es la corrupción y su efecto disolvente sobre la confianza en las instituciones democráticas y a partir de ahí todo son diferencias y por ese motivo los socios del Gobierno no dan el paso que les demanda Alberto Núñez Feijóo, que no termina de asumir su responsabilidad para ser él quien fuerce la moción de censura. Para Pedro Sánchez, la dureza del relato que sirve para la condena de Ábalos y Koldo García, con unas penas unánimes impuestas por los jueces del Supremo, no supone una condición suficiente para que varíe la situación política, ni para que dimita, ni para que convoque elecciones anticipadas, porque los daños infligidos están amortizados desde que se inició la investigación y se sustanció el juicio oral, que dejaron a Sánchez a los pies de los caballos, su prestigio dañado y su capacidad política disminuida.
Si la parte judicial de este asunto es implacable contra Ábalos y Koldo, el trato benevolente que ha recibido el comisionista Víctor de Aldama por su “muy cualificada” colaboración con la Justicia no puede dejar de interpretarse como un guiño a quienes en los casos de Leire Díez y Zapatero pudieran prestarse a la misma actitud y rebajar sustancialmente sus penas en estos otros dos casos en el entorno del PSOE.
Las derivas políticas de las últimas resoluciones judiciales, dadas las coincidencias, tampoco pueden echarse en saco roto. La comparecencia en el Congreso de Pedro Sánchez será monográfica sobre corrupción por los intentos de la “fontanera” del PSOE para entorpecer los casos que afectaban a ese partido y al entorno del presidente del Gobierno, por la situación creada en torno a su esposa, Begoña Gómez por el juez Peinado, por la imputación de Zapatero y por las investigaciones sobre Leire Díez, aunque cada uno de ellos tiene una etiología diferente. Para completar el paisaje solo falta que antes del miércoles se publique la sentencia sobre su hermano David Sánchez.
Sin duda, la sentencia del “caso mascarillas” hace más insostenible la situación de Pedro Sánchez, que ya se ha abierto a una anticipación de las elecciones si no le aprueban los Presupuestos, algo que puede darse por hecho, pero sería una sorpresa que adoptara motu proprio una decisión que acabara con la legislatura antes de ese trámite.
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