Claves de la política económica de Trump

CUENTA DE RESULTADOS

Publicado: 03 ago 2025 - 00:20
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. | Michael Brochstein

El día de los aranceles ha regresado. La nueva oleada de gravámenes impuesta por Donald Trump, que entrará en vigor este jueves día 7, marca un punto de inflexión tanto para EE UU como para la economía global. La firma de la última orden ejecutiva, que impone nuevos aranceles a 69 países y consolida un suelo del 10 % para las importaciones restantes, reaviva la agenda proteccionista de Washington y confirma su voluntad de redefinir, a golpe de tarifa, las reglas del comercio internacional.

Si el llamado Día de la Liberación de abril ya sacudió los mercados, esta nueva ofensiva comercial coincide con algo más preocupante: los primeros síntomas evidentes de debilitamiento en EE UU. Así, la combinación de proteccionismo agresivo y deterioro de los indicadores clave –empleo, consumo, manufactura– dibuja un escenario frágil para el que ni la política fiscal ni la monetaria parecen tener respuestas.

La política de Trump se sustenta sobre dos pilares: aranceles crecientes y recortes de impuestos masivos. Desde que asumió el cargo en enero, el tipo medio arancelario ha pasado del 2,3 % al 18 %. Se trata del nivel más alto desde la Gran Depresión, cuando las tarifas Smoot-Hawley provocaron una contracción brutal del comercio global. A esto se suma la intención de prolongar y ampliar los recortes fiscales, lo que podría recortar entre 5 y 11 billones de dólares de ingresos públicos en la próxima década.

La estrategia de supremacía industrial de Estados Unidos amenaza con fragmentar el orden económico mundial. En este contexto, Europa se mueve entre el impacto arancelario y los estímulos fiscales.

¿El resultado? Un déficit fiscal en expansión, una deuda pública que bordea ya el 130 % del PIB y un sistema productivo que, aunque aparentemente fortalecido en sectores protegidos, pierde eficiencia y competitividad. La ilusión de revitalización industrial oculta una erosión del poder adquisitivo, un mercado laboral que pierde fuelle –el dato de julio fue el peor en dos años– y una Reserva Federal atrapada entre las exigencias presidenciales y la necesidad de contener expectativas inflacionarias.

La paradoja es evidente: mientras Trump presume de una economía que se blinda frente a las amenazas externas, los mercados comienzan a descontar una ralentización severa, con ajustes en las carteras hacia la deuda y una caída pronunciada del dólar. La tensión entre impulso fiscal y enfriamiento real no solo alimenta la volatilidad bursátil, sino que mina la confianza en la estabilidad institucional. Lo urgente y lo simbólico dominan la escena, mientras lo estructural queda sin respuesta.

Para Europa, el regreso del proteccionismo supone un golpe directo a sus sectores más exportadores. Automoción, farmacéuticas y tecnología son las industrias más penalizadas por las nuevas tarifas, que oscilan entre el 15 % y el 25 %. La UE, por su parte, ha optado por no responder con la misma contundencia, eliminando incluso algunas de sus barreras, en un intento de contener la escalada.

El daño no es menor. El crecimiento europeo podría contraerse un 0,3 % en los próximos doce meses si el nuevo marco arancelario se consolida. No obstante, el bloque comunitario ha comenzado a mover ficha: Alemania ha lanzado un plan de estímulo fiscal sin precedentes, y la Comisión Europea ha acelerado las inversiones en defensa, digitalización y transición energética. El choque está sirviendo de catalizador para una Europa más proactiva, aunque las tensiones internas entre el norte y el sur, y entre ortodoxia y expansión fiscal, persisten.

@J_L_Gomez

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