Consecuencias del pacto de Rufián

Publicado: 18 oct 2026 - 02:50
Silueta Puigdemont.
Silueta Puigdemont. | José Paz

El pacto por sorpresa entre Gabriel Rufián, representando a ERC, y Podemos ha asestado un golpe muy duro a las confluencias de izquierda agrupadas en el llamado Frente Amplio, pues obliga a competir a dos listas próximas ideológicamente en el mismo espacio, con independencia de los resultados que obtengan, que en estos momentos son imprevisibles. La política no es una ciencia exacta y bien pueden sumarse en Cataluña los votos de ambos, como restar por ambas partes al considerar muchos electores que esta coalición no les representa. Aunque se puedan dar pactos hasta el día de la presentación definitiva de candidaturas, estos será siempre en situación de subordinación para los del Frente Amplio, que cada vez lo es menos. La propuesta de Colau de renunciar a presentarse para posibilitar el pacto sólo muestra la desesperación de esa fuerza, que está dispuesta a renunciar para no desparecer del todo. Una fuerza en buenas condiciones no cedería en nada, más bien obligaría a ceder al otro. La venganza de Irene Montero contra quienes la excluyeron de las listas en 2023 parece ser completa, y además servida en frío y por sorpresa.

Los ecos de la jugada de Rufián van más allá de un pacto circunstancial y se dejarán sentir en todo el sistema de partidos español. No dejemos de seguir su evolución.

Sin estar aún claros los resultados finales de la operación, sí que existe un claro perdedor, que es el independentismo catalán, que todo apunta a que quedará muy debilitado en estos comicios, y dejará de ser por un tiempo uno de los principales retos de la política española. ERC queda desdibujada coma una fuerza nacionalista pura, al integrar, aunque sea solo sea en puestos testimoniales, a personas próximas a Podemos en sus listas, y esos votos en caso de obtener un buen resultado serán atribuidos muy probablemente a la izquierda y no al nacionalismo. Es muy difícil vender pureza nacionalista cuando se concurre en coalición con fuerzas españolas, y además es casi imposible movilizar a todos esos votantes para la causa del nacionalismo catalán. ERC ha pasado a ser un partido más del arco español, y mucho más si los resultados que obtiene son buenos, por lo que de darse estos es posible que se repitan en otros comicios, como los Europeos, lo que afectaría a fuerzas como el BNG, con las que hasta ahora ha compartido fórmula. ERC parece haber decidido primar a su alma de izquierdas frente a su alma nacionalista en detrimento de esta última.

Los tiempos no pintan bien para el nacionalismo catalán. La que presumiblemente podría ser la fuerza principal de ese espacio, Aliança Catalana, ha cometido un error político muy grande al decidir no presentarse a estas elecciones, por lo que buena parte de su potencial electorado buscará otros puertos en los que refugiarse, presumiblemente Vox o Junts. Vox lo sabe y está aproximándose a este electorado catalanista, por lo que muchos electores abandonarán de paso, al menos en estas elecciones, el marco ideológico nacionalista. La llama del nacionalismo independentista quedará entonces en exclusiva en manos del partido de Puigdemont, que se verá sin duda reforzado tanto por las derivas de ERC como por la ausencia de Aliança, y sin duda no se hundirá tanto como estaban pronosticando las encuestas. Pero aun así es difícil que recupere sus tiempos de esplendor histórico, tanto los de cuando dirigía Pujol ese espacio, como los de hace diez años en el apogeo del proceso de independencia. Apoyar al Gobierno de Pedro Sánchez en esta última legislatura, sin conseguir poco más que la amnistía, lo ha alienado de sus bases tradicionales y le ha hecho perder el papel de liderazgo que desempeñaba en un mundo nacionalista cada vez más desmotivado.

Los ecos de la jugada de Rufián van más allá de un pacto circunstancial y se dejarán sentir en todo el sistema de partidos español. No dejemos de seguir su evolución.

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