Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
1 Para comprender. Si queremos escuchar a la naturaleza y sentir su complejidad vibrante lo primero que deberíamos hacer es callarnos. Sólo podemos saber de la maravilla del mundo dejándolo ser tal cual. No hay que conquistar nada ni a nadie. Basta con observar.
2 Porque es un desahucio. La hierba alta y los árboles sin podar ofrecen refugio y alimento a insectos, aves, reptiles y pequeños mamíferos. Segar la hierba significa arrasar con sus espacios y recursos, dejar a los animales huérfanos y acorralados. Arriba el matorral y las hierbas vagabundas.
3 Respetar lo incomprensible. En un solo metro cuadrado de suelo sano hay más organismos que humanos en el planeta. Apenas sabemos nada de esa vida microscópica que sucede bajo nuestros pies. Quizá en sus interacciones complejas está la gran inteligencia del mundo. Dejémoslos en paz.
4 Allí vive el agua. La cubierta vegetal evita la erosión del suelo y lo protege del sol. En el hilo de la desbrozadora comienza el desierto.
5 Para ser como deben ser. Truncar el desarrollo de un árbol y darle la forma de nuestros complejos es un crimen equiparable a cortar oreja y rabo a los perros. El ser humano del futuro, que escuchará a los dioses que habitan en todo lo vivo, respetará a árboles y a rocas como hacían los hombres antes de enloquecer con el dinero.
6 Para no escuchar la motosierra. Basta una razón prosaica, disfrutar de la paz cetácea de la tarde, para concluir que dominar el paisaje ponzoñosamente es una mala idea. No hay nada más sagrado que el silencio.
7 Por pereza. Tal vez no haga falta recordar el carbono que capturan árboles y plantas o la vida que arrasamos con su siega. No hay argumento mejor que la santa holgazanería para permitir que el bosque vuelva a ser bosque.
8Es una pérdida de tiempo. Hasta el paisano más histérico sabe que la maleza siempre regresa y si no podase ahorraría combustible, maquinaria y un dineral en venenos. La guerra contra la naturaleza está perdida de antemano.
9 Así lo quiere dios. Permitir que el suelo se desmelene es intuir que el ciclo astronómico es un asunto complejo y sagrado, muy superior a nuestra insignificancia humana. La vida no intervenida tiene sus tiempos propios y mejores. Ser una criatura madura en este pedrolo cósmico empieza por no no intervenir y rendirse a la paz de las cosas.
10 Cuestión de confianza. Un espíritu puro no duda de las intenciones de los otros y deja ser a los demás. No domesticar al campo es una llamada a la contemplación y una manera de estar en el mundo. Respetar lo que no comprendemos y no nos pertenece tendría que ser la primera muestra de inteligencia.
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