Costumbres nacionales

VÍA DE SERVICIO

Publicado: 13 oct 2026 - 03:10
Opinión de Fernando Lusson.
Opinión de Fernando Lusson. | La Región

La crónica del desfile por la Fiesta Nacional de este año puede ser calcada de la del año pasado porque durante esta ceremonia se repiten una serie de costumbres que llevan camino de convertirse en una liturgia. El rito comienza con los insultos, abucheos y pitidos al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, proferido por los asistentes al desfile desde las tribunas, personas privilegiadas que no dudan en expresar su inquina hacia el jefe del Ejecutivo con una manifiesta falta de respeto a su persona y a la institución que representa, pero que deja traslucir una corriente más profunda, porque los abucheos contra el presidente del Gobierno solo se produce cuando en la Moncloa hay un inquilino socialista, lo que da idea de su concepto de la democracia y de la convivencia de ciudadanos que profesan distintas opiniones y su forma de entender la patria. Hay para quien su patria es la infancia, o su lengua, y que conocen bien la historia compleja y diversa de nuestro país, y hay quienes consideran que su patria es el dinero y tienen una visión tan restrictiva de la unidad de España acompañada de la apropiación de los símbolos de todos, que muchos otros ciudadanos pueden sentirse excluidos de su visión nacional. Desde los partidos de derecha se validan los insultos a Sánchez.

El segundo rito es el recuento de las presencias y ausencias. Si en Cataluña gobierna un partido con anclaje nacional, como es el caso del PSC con Salvador Illa al frente de la Generalitat, el “molt honorable president”, acude al desfile de la Fiesta Nacional; si es independentista, su ausencia está cantada. Lo mismo ocurre con el lehendakari, que no asiste nunca porque consideran que esta fiesta no es la suya en negación de la evidencia, porque el dinosaurio no va a haber desaparecido el 13 de octubre. El resto de presidentes autonómicos asisten a o no en función de sus agendas políticas personales, sin que nadie se mese las barbas. A esta costumbre de las ausencias se ha sumado el presidente de Vox, Santiago Abascal, porque no dice que no quiere compartir tribuna con un “Gobierno mafioso”.

Lo mismo ocurre con el lehendakari, que no asiste nunca porque consideran que esta fiesta no es la suya en negación de la evidencia, porque el dinosaurio no va a haber desaparecido el 13 de octubre.

Otra de las costumbres de la Fiesta Nacional es observar todos y cada uno de los detalles del comportamiento de Pedro Sánchez, desde que llega hasta que abandona el Palacio Real después de la recepción que ofrecen los reyes a la clase política y a la sociedad civil. Cada uno de sus gestos, o su colocación, será escrutado para, si se salta el protocolo, atribuirlo a su deseo de ningunear al rey Felipe VI, como si a continuación fuera a proclamar la República. En fin. Y no menos rituales son los corrillos en esta ocasión condicionados por las próximas elecciones. En su mensaje por la Fiesta Nacional, Pedro Sánchez se ha felicitado porque “en nuestros colores caben muchas cosas, los derechos que hemos conquistado como sociedad y los que quedan por llegar”. Como respuesta, la presidenta madrileña ha declarado que espera que sea el último 12 de Octubre de Pedro Sánchez. Las urnas parece que pueden darle la razón.

Como es tradicional resurge también el debate sobre la idoneidad del Día de la Hispanidad como el de la Fiesta Nacional, la identidad nacional y las relaciones con el resto de países latinoamericanos en dos direcciones, el debate sobre la conquista y la colonización y la presencia mayoritaria de migrantes latinoamericanos en España.

Como novedad, los cachorros de ultraderecha han aprovechado el fin del desfile para acudir a la Puerta del Sol a provocar a los acampados por la vivienda que ejercen su derecho de reunión, amparado por los jueces.

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