Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
TAL DÍA COMO HOY
Las Cortes aprobaron la nueva Constitución de 1812 el 19 de marzo de 1812. Constaba de 384 artículos organizados en diez títulos. Pero su reglamento se desarrolló dos años antes, un día como hoy de 1810.
El principio de que la soberanía reside en la Nación, compuesta por ciudadanos libres e iguales, vertebra todo el texto.
Así, el artículo 4º sostiene que la nación “está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen”.
No contiene una declaración explícita de derechos, pero los principios de derechos y libertades figuran en el articulado y su reconocimiento entrañó cambios revolucionarios, pues construía un mundo radicalmente nuevo.
Hábitos y actitudes que hoy parecen cotidianos eran imposibles antes de ser reconocidos por primera vez en Cádiz. Como ejemplo, la libertad de imprenta, instaurada por el decreto del 10 de noviembre de 1810, que garantizaba a toda persona la “libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión y aprobación alguna anteriores a la publicación”.
Un derecho que las Cortes estaban obligadas a proteger, según el artículo 131 de la Constitución, y que rompía con la censura previa de todos los textos ejercida por el Gobierno y por la Iglesia.
Desgraciadamente, el rey felón Fernando VII, abolió años después este primer intento de constitución liberal en España.
Esta expresión, que se aplica a quienes tienen un carácter despreocupado, tiene una génesis profunda.
Sin embargo, hasta hace relativamente poco tiempo, la frase ¡Viva la Pepa! era un grito subversivo empleado durante muchos periodos políticos.
La frase venía a sustituir a esta otra: ¡Viva la Constitución de Cádiz! Conocida cariñosamente como la Pepa, porque fue jurada y promulgada el 19 de marzo de 1812, el día de San José.
Dos años más tarde, el rey Fernando VII, que incompresiblemente llamaron el deseado cuando con su comportamiento seria mas el indeseable, tras su regreso a España, abolió la Constitución de Cádiz y se prohibieron los gritos a su favor.
Es por ello por lo que los españoles que se oponían al absolutismo se referían a ella en clave: ¡Viva la Pepa!
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