Crueles veinte segundos

EL ÁNGULO INVERSO

Publicado: 24 may 2026 - 08:10
Crueles veinte segundos.
Crueles veinte segundos.

Así que llego a mi garito favorito, donde nos reunimos la camada de amigos. Ayer decía el escritor Antonio Gamero: “Yo no le cuento mis problemas a mis amigos, que los divierta su puta madre”. Bueno, mis colegas son buena gente y, como se dice ahora, nutritivos, en los dos sentidos, en las cenas que organizamos eso parece una bacanal romana.

De entrada, me espeta el pintor: “Mira este wasap, aquí hay una chica que busca un perfil que podrías ser tú. Dice que busca una persona mayor con valores y principios”. Sonríe un poco maléfico y añade: “Pero en la posdata dice ‘Entiendo por valores los bancarios, y que ya haya tenido un par de infartos”. Pienso y me digo: sin duda, esa chica es del Real Madrid.

Te cuento, hermano lector. Hoy nuestras conversaciones huyen de las honduras reflexivas. Hoy pisamos el barro y hablamos de fútbol. Así, mi generación creció viendo aquellos partidos en la televisión en blanco y negro los sábados. Las cosas no eran como ahora. Los jugadores metían la pierna, enfurecidos. El árbitro, de riguroso negro, mandaba con autoridad arrogante. No había cambios; si se lesionaba alguno, aunque de cierta gravedad, continuaba heroicamente en el campo.

Lo cierto es que mis amigos siempre se burlan de mí

Me viene a la memoria la imagen de Camacho jugando con la selección en el Mundial de México 86. Era contra Irlanda. Un defensa le metió con crueldad los tacos en la cabeza. Su imagen sangrante era todo un poema. Lo cosieron malamente al descanso. Incluso la aguja se rompió dos veces en la frente. Muy dolorido, siguió jugando. Volviendo a aquella época, se hizo popular el “gol del cojo”: el futbolista, aunque estuviera en las últimas, se colocaba cerca del portero y con cierta frecuencia lograba marcar.

Lo cierto es que mis amigos siempre se burlan de mí. Hoy dijeron: “Ahí viene el del Atlético, el Pupas”. Me cabreo, claro, pero ayer me vine arriba y canté con orgullo el himno de Sabina: “Para entender lo que pasa/ hay que haber llorado dentro/ del Calderón, que es mi casa (…) Qué manera de sufrir,/ qué manera de palmar,/ qué manera de vencer,/ qué manera de vivir,/ qué manera de subir y bajar de las nubes. / ¡Que viva mi Atleti de Madrid!”.

Pero el tertuliano pintor, muy estudioso del fútbol, me suelta, el cabrón: “¡Si sois unos agonías! No hay ni habrá un equipo en el mundo que haya perdido la Copa de Europa dos veces en los últimos 20 segundos. Allá en el 74, contra el Bayern, fue más que penoso. Iba a pitar el árbitro, un alemán lanza sin apenas convicción, y vuestro portero estaba a las uvas. Le estaba dando los guantes a un fotógrafo de Marca. Más de medio siglo y no te quiero atormentar con el gol de Ramos, en Lisboa, en los últimos 20 segundos también”.

Me defiendo: “No conocéis la vieja mística del Calderón, ni ahora del Metropolitano. No hay afición más vehemente. Nunca comprenderéis cómo amamos a Luis Aragonés”. Me exalto un poco, tal un forofo, y el camarero se acerca: “No grite, Jaime, hombre”.

(El local estrena camarero, un joven marroquí que no cesaba de observarnos. Se acerca, tímido: “Sepan que soy de Tetuán, soy del Atlético Tetuán. Ya les traeré fotos. Allá en 1952 estábamos en Primera División española. Mi abuelo jugaba de extremo. Siempre contó de aquel partido contra el Real Madrid de Di Stéfano y Puskas, que terminó 3 a 3. Entonces Tetuán era la capital del protectorado español. El equipo se nutría de futbolistas que hacían allí la mili. Y no olviden a mi paisano Ben Barek, la perla negra. Sobre todo usted, que es del Atlético: les dio dos ligas”).

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