La cultura del esfuerzo y nuestra clase política

Publicado: 08 feb 2026 - 04:10
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Cursar y superar un Grado universitario, implica demostrar, por un lado, la capacidad de adquirir una serie de conocimientos en un ámbito científico-técnico, o de las ciencias sociales, jurídicas o humanidades. Por otro una cierta disciplina para someterte al esfuerzo de tener que memorizar, trabajar, explicar… y desarrollar una serie de las llamadas habilidades transversales, necesarias hoy para superar unos estudios universitarios. Además de ser capaz de elaborar y defender un proyecto de fin de grado. Esto tiene un efecto multiplicador si se cursa un master y mucho más si se realiza un doctorado, donde además casi es obligatorio desarrollar un espíritu crítico y saber discutir, escribir y hablar en inglés (entre otras muchas cosas). No niego que muchas de estas destrezas y conocimientos se puedan adquirir “por libre” a base de leer o, sencillamente, trabajando en un determinado ámbito. Pero lo que te da un título universitario es, además de lo mencionado, una cualificación para una o varias profesiones. En el ámbito académico, lo mínimo que hay que tener, es un grado de Doctor (lo que implica un mínimo 9 años de dedicación, estudio y desempeño). Un médico necesita no menos de 10 u 11 años (dependiendo de la especialidad), y cualquier funcionario, además de un grado universitario, superar una oposición que ha preparado en un tiempo razonablemente largo. Y todos estos profesionales, con suerte, se emplean con salarios no muy superiores al salario mínimo interprofesional en su primer empleo.

de los 350 diputados, 184 no tienen ninguna mención de formación universitaria

Según un artículo publicado recientemente por El Debate (¿Qué estudios tienen los miembros del Congreso de los Diputados?) de los 350 diputados, 184 no tienen ninguna mención de formación universitaria. Esos 184 diputados tienen que, en principio, legislar nuestras vidas. No han demostrado ninguna cualificación en nada, no han demostrado la adquisición de ninguna habilidad, posiblemente no hablen ningún idioma más allá de su lengua materna y en sus manos está nuestro futuro como ciudadanos. Son personas que no parece puedan alinearse con la llamada cultura del esfuerzo, ya que sin haber demostrado nada, se encuentran calentando una silla por un salario más de tres veces superior a los salarios de los profesionales cualificados arriba descritos. Alguno dirá “muchos tienen una vida profesional previa que ha enriquecido sus bagajes intelectuales”. Pero es que ni esto tienen. La mayoría han llegado hasta allí gracias a una carrera dentro de sus respectivos partidos políticos, donde lo único que han demostrado es fidelidad a sus líderes y capacidad para desenvolverse en las procelosas aguas de la política más provinciana, que es la política de los partidos políticos. Y algunos hasta llegan a ministro. En el ámbito político, siempre he defendido que se cumple, mayoritariamente, el anti-principio de Peter (que llamo con muy poca modestia el principio de Torralba): las personas ascienden hasta que alcanzan su nivel de competencia, es decir mientras son incompetentes. Y cuando alcanzan el nivel de competencia, o se les echa, se les estanca o se les hace el llamado arabesco lateral. En esas manos estamos, y así nos va.

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