Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Nicolás
RECORTES
Hace unos días, encontré en el texto de una entrevista a la mitad de un dúo de cantantes que habían quebrado su alianza para dedicarse a cantar cada una por su lado, un concepto que me pareció tan destacable como singular y pocas veces usado. La entrevistada, antigua componente de la pareja “Ella baila sola”, consideraba al hilo de una pregunta formulada sobre el carácter de su separación, que el pesar que pueda suponer ese divorcio entre dos compañeros de aventura musical que eligen tomar caminos diferentes no es comparable con el disgusto que tal separación siembra entre sus seguidores. Se trata de una reflexión que casi nunca se tiene en cuenta y que sin embargo es real, pesa y siembra dolor y decepción especialmente en almas jóvenes que adoran a sus ídolos y se llevan un disgusto de muerte cuando se dan cuenta de que nunca más van a disfrutar de ellos juntos salvo que se pongan a escuchar sus discos pasados. La percepción de Marilia no solo es muy acertada sino que desnuda de egoísmo y concede mayor humanidad a los dioses y diosas de la música popular que raramente piensan en sus entregados fans cuando toman decisiones de ruptura sin sospechar la tragedia que para muchos se esconde en la maniobra.
La percepción de Marilia no solo es muy acertada sino que desnuda de egoísmo y concede mayor humanidad a los dioses y diosas de la música
La quiebra es, por tanto, difícil de asumir por cientos de adolescentes y su influencia no parece importar un bledo a los que la adoptan. Todavía estoy esperando que alguno de mis ídolos vivos, Paul McCartney o Ringo Starr nos pidan disculpas o se acuerden de nosotros cuando rememoran las razones por las que se separaron los Beatles, todas ellas exclusivamente propias e infladas de intereses cruzados sin pensar en que a millones de personas de todas las edades entre las que me cuento, se les cayó el mundo encima cuando se enteraron de que los chicos se separaban.
Es difícil, por tanto, que los grandes del pop y el rock piensen en otra cosa que en sus propias emociones, en celos, en injusticias internas y en el todo por la pasta a la hora de poner fin a sus alianzas. Pero no vendría mal que lo hicieran. Marila, una mujer sensata, discreta y de nivel medio bajo, lo ha pensado. Pues gracias.
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