Itxu Díaz
CRÓNICAS DE PRIMAVERA
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Sucedió sin que te dieses cuenta. Que escuchaste los ruidos raros al incorporarte. Onomatopeyas imposibles de traducir. Hmpf. Ansh. Las rodillas te avisan cuando llueve y las plantas de los pies ya no llegan a donde solían llegar.
Sin darte cuenta tu padre ya no viene a casa porque tengas algo que haya que arreglar. Las lámparas sin colgar, la luz del pasillo como si nunca hubiese existido. Te compraste un destornillador eléctrico pensando que también era taladro. De pronto hay una caja de cables por si acaso debajo de la cama y tienes que aprender palabras nuevas, bisagra, relé, diferencial, todo suena como una letra de El Diablo de Shanghai. Las ferreterías te dan miedo y te atemoriza la idea de pagar siempre de más en el taller del Juan. Porque, como él siempre dice, en eso no se puede escatimar. Afirmaciones inciertas con resolución incuestionable. Y vuelves al mes siguiente porque nadie había visto el desgaste irregular de la barra estabilizadora. De la junta de la trócola. Del condensador de fluzo.
Estudiaste tres idiomas, pero nadie te enseñó como hablar con el Juan.
Un buen día tu madre ha decidido que ya no eres su niño. Por algún motivo incomprensible para ella ahora eres su hijo. Sin explicación, debate, ni revisión con diagnóstico profesional de un comité de expertos. Serán las canas, las de arriba, las de abajo. Será la ropa de color neutro, como las sectas, como los escaparates de todas las tiendas. Será que ya no suena Manquee Moon. Y no hay regalos en los cumpleaños y Papá Noel hace 10 diciembres que no viene.
El domingo te lo pasas decidiendo qué ver, qué pedir para comer, qué escribir en el whatsapp, decidiendo qués. Viendo Instagram. Comparando partes meteorológicos online.
Descansas de dormir, descansas de las vacaciones.
Te enganchaste sin querer al Candy Crush.
Todos tus amigos usan Skechers, y te dicen con la convicción deformada que son muy cómodas, que hay que empezar a cuidarse un poco más. El omeprazol, la leche sin lactosa. Guardas bolsas dentro de bolsas, como lo hacía tu abuela, que así te quedan para hacer la compra. A la compra nunca las llevas y la bolsa de bolsas se ha convertido en un elemento más del paisaje del hogar.
Sin que te dieses cuenta desarrollaste un superpoder donde cualquier problema se puede solucionar con cinta americana y bridas. Un pantalón. Una silla coja. Y la tortilla demasiado seca o demasiado cruda. Aprendiste a pasear por placer y las manos decidieron que era mejor colocarse detrás, pegadas a la espalda agarrándose la una a la otra. Culpas de todo al capitalismo y llamas a la gente por su apellido, la hija del Bermello, el primo de la Nieto.
Todavía sales los viernes porque así aprovechas el domingo. El domingo te lo pasas decidiendo qué ver, qué pedir para comer, qué escribir en el whatsapp, decidiendo qués. Viendo Instagram. Comparando partes meteorológicos online.
Y otra onomatopeya. Ahhm. Al acostarte por la noche.
Todo sucedió sin que te dieses cuenta.
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