Fernando Ramos
Dice Sánchez que Cataluña y España son países diferentes
Me parecen muy apropiadas las primeras declaraciones de Alfonso Rueda al día siguiente de ganar las elecciones gallegas por mayoría absoluta, al decir que él no quería hacer chantajes ni que se los hicieran, porque tendremos que reconocer que, tal como están las cosas en nuestro panorama político actual, sobre todo, viendo el poder que tienen los partidos independentistas de obtener importantes ventajas presionando con sus escasos votos a nivel nacional, que las decisiones que se toman en las altas esferas de la Administración pública, se parecen, cada día más, a una partida de cartas donde el chantaje, o “la llave”, como le llamaría el sr. Jácome, lo tienen unos cuantos jugadores que no dudan en cargarse todo lo que haga falta con tal de conseguir sus propósitos que, fundamentalmente, son los dineros de las arcas públicas que nutrimos entre todos.
El funcionamiento de una democracia, es decir, “el poder del pueblo” (de las palabras griegas “demos”: personas, población y “kratos”: poder) se parece un poco al de una religión. Puede ser una ayuda para que una sociedad pueda entenderse y contribuir a lograr una convivencia pacífica entre sus vecinos; pero por ejemplo en nuestro caso, si observamos los casos de corrupción, tanto los protagonizados por los de un lado como del otro, por no hablar de las consabidas izquierdas o derechas, podemos decir que se han producido porque sus protagonistas (funcionarios, ministros, diputados, etc, hasta las más altas instancias) no han observado sus mandamientos. Esto tiene fácil comprobación, es pura estadística.
Pero cuando los predicadores de esa religión se aprovechan del confesionario para conseguir dinero o beneficiarse de un niño o de una feligresa, los objetivos que tenía previstos esa religión ya no se cumplen, y lo mismo pasa con la democracia. La idea, en principio, es buena; se toman las decisiones en función de lo que decida, por medio de una votación, una mayoría de un conjunto de ciudadanos, pero cuando el ejercicio de la política se mezcla con los negocios y la corrupción, la democracia no funciona.
Pero como no tememos otra alternativa, no nos quedará más remedio que buscar la manera de perfeccionar el sistema democrático, eligiendo con mucha atención a las personas que consideremos adecuadas para que nos representen ante las instituciones, eliminando a aquellas o aquellos que se presenten a las elecciones con el único propósito de chantajear y conseguir dinero, “money”, “money”, que decía.
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