Desatender a los grandes maestros

COSAS QUE NO CONVIENEN

Publicado: 03 may 2026 - 06:05
Desatender a los grandes maestros
Desatender a los grandes maestros | @txarka.ilustracion

1 Hacer como los pájaros. Cantar al amanecer, agradeciendo esta vida incomprensible, ocupándose de vivirla y no de descifrar. Hacer arquitectura sin arquitecto para fundar un hogar cada primavera. Recuperar la sustancia nómada, viajando con los semejantes y darle esquinazo al invierno.

2 Vivir como el vagabundo. Despreocupado y alérgico al trabajo y toda organización subyugante. Ese es el ideal del sabio chino, pobre y poeta, suficiente y feliz. Bendito del errante limosnero que está alineado con el cosmos y con la vida y, por tanto, en los márgenes de la civilización histérica.

3 Ser como el gato garduño. Y pasar por las ciudades de puntillas, conscientes de que el mundo de los hombres ha sido construido aniquilando un mundo vivo. Tener presente que bajo la calle está el camino y bajo el parking, el manantial de agua pura con su ninfa. Escapar de las luces y del bípedo depredador.

4 Comprender al desierto. Recordar que no es una condición eterna del paisaje, sino un estadio de la vida y su materia próxima. Antes del desierto hubo mar y hubo jungla y este bosque que pisamos será mañana desierto. Vayamos a ese vacío a confrontar nuestro propio vacío. Celebremos la soledad como curación para estar con los demás.

5 Adorar al águila. Que tal vez de un par de aleteos para escapar de nosotros o de algún otro mequetrefe, pero enseguida regresará a esa majestad gloriosa, con su ojo atentísimo y su cálculo perfecto de movimientos. Hagamos nuestra su dignidad.

6 Imaginarse árbol. Siempre con el debido respeto de criatura superior que hace posible la vida de las demás criaturas vivas. Aprendamos del árbol su paciencia suficiente, su caminar sin prisa pero con destino cierto. Anotemos su sabio avanzar en familia, los viejos junto a los alevines, los adultos y los muertos. Seamos árbol y hagamos transparente al mundo con nuestro aliento.

7 Hacer como la abeja mielera. Y dejar de ser individuo para encarnarse en un super organismo sin voluntad particular.

8 Ser como la viuda de aldea. Sujeta a las rutinas importantes: el café con galletas, la pequeña huerta, el paseo hasta la ermita en la tarde. Seamos conscientes de que en la repetición, cuando lo cotidiano es celebrado, estamos invocando a la verdadera eternidad.

9 Envidiar al tejón. Comprender que, si hay humanos en la superficie, sólo se puede existir subterráneamente. Diseñar una vida bajo tierra, con galerías secretas en las que poder ser y florecer a salvo de dinamitas, venenos y abusamientos.

10 Invocar al cauce seco. Que fluye en verano por lo incomprensible y regresa con las lluvias de otoño. Nadie como el río ausente que vuelve para enseñarnos la fuerza y el misterio del confiar en la vida, cuya razón va más allá del giro de planetas y explosiones de materia.

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