Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Eliot Ness contra el cibercrimen en Ourense
CAMPO DO DESAFÍO
En el PP siguen mirando a Vox por encima del hombro. Ven a Abascal, aquel concejal del PP en el País Vasco, aquel refugiado en las ubres madrileñas del partido, y no pueden sino considerarlo con desdén, como un padre condesciende con sus hijos atolondrados o torpes. En el PP cultivan, desde siempre y para casi todo, una actitud de perdonavidas y de caminar medio palmo por encima del suelo que les deforma la percepción de la realidad. A Abascal, cuña de la misma madera, no acaban de tomarlo en consideración: por sus maneras toscas, discurso trompicado y camisas reventonas. Desde ese menosprecio, Abascal se fortalece recogiendo votos a base de regalar soluciones simples para problemas complejos.
A Vox lo impulsa una amalgama de cabreados de distinto pelaje, de los nostálgicos franquistas al lumpen urbano
Prueba de que el PP trata como a un menor de edad a Abascal y a su partido, es que Feijóo cree que le puede enseñar educación y buenos modales en la mesa. Le pide responsabilidad, que la ultraderecha no se convierta en un muro para las expectativas del PP y que, en definitiva, le deje gobernar sin hacer olas. En el partido de Feijóo no acaban de interpretar cómo gestionar su hijuela de la derecha ultra; el primogénito que, con su arrojo, barba en forma de ariete y tórax de regular de Melilla, embelesa a los abuelos y a los hermanos menores.
Lo cierto es que, mientras Feijóo manda a los suyos a la batalla en las autonómicas para debilitar a Pedro Sánchez, quien en realidad se hace con el territorio, extiende sus redes de partido, obtiene financiación institucional y escribe los argumentos de la derecha, es Vox. Abascal ni tan siquiera ha tenido necesidad de romper un plato en la mesa familiar para lograr la emancipación. A Vox lo impulsa una amalgama de cabreados de distinto pelaje, de los nostálgicos franquistas al lumpen urbano; de los autónomos del taxi a los de la agroganadería que quiere proteccionismo frente a los mercosures de la burocracia europea. El espíritu de Torrente, que tan bien anticipó Santiago Segura, ha trascendido la marginalidad y sacudido sus complejos para ocupar calles, plazas y espacio institucional.
Feijóo ideó la estrategia de adelantar elecciones en las comunidades autónomas con la esperanza de desgastar a Pedro Sánchez. Una aspiración que, en la práctica, además de ir saliéndole regular, normaliza y naturaliza a Vox como referencia política en el momento en que el espíritu del tiempo hincha sus expectativas. Sánchez, consciente de la debilidad de una izquierda desmovilizada y dispersa, necesita confrontar con una derecha de perfiles agresivos y duros. La resiliencia de Abascal, adiestrada en soportar el ninguneo del PP, dispondrá a discreción, en uso de su ganada firmeza antisistema, de los votantes que piden autoridad y esencias sin adulterar.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Eliot Ness contra el cibercrimen en Ourense
Sonia Torre
UN CAFÉ SOLO
El autoengaño
Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
La única salida para superar esta vergüenza
Francisco Muro de Iscar
Toda la culpa siempre es de la derecha
Lo último