Pilar Falcón
DÍAS Y COPLAS
En Aragón se suda
CAMPO DO DESAFÍO
En el PP siguen mirando a Vox por encima del hombro. Ven a Abascal, aquel concejal del PP en el País Vasco, aquel refugiado en las ubres madrileñas del partido, y no pueden sino considerarlo con desdén, como un padre condesciende con sus hijos atolondrados o torpes. En el PP cultivan, desde siempre y para casi todo, una actitud de perdonavidas y de caminar medio palmo por encima del suelo que les deforma la percepción de la realidad. A Abascal, cuña de la misma madera, no acaban de tomarlo en consideración: por sus maneras toscas, discurso trompicado y camisas reventonas. Desde ese menosprecio, Abascal se fortalece recogiendo votos a base de regalar soluciones simples para problemas complejos.
A Vox lo impulsa una amalgama de cabreados de distinto pelaje, de los nostálgicos franquistas al lumpen urbano
Prueba de que el PP trata como a un menor de edad a Abascal y a su partido, es que Feijóo cree que le puede enseñar educación y buenos modales en la mesa. Le pide responsabilidad, que la ultraderecha no se convierta en un muro para las expectativas del PP y que, en definitiva, le deje gobernar sin hacer olas. En el partido de Feijóo no acaban de interpretar cómo gestionar su hijuela de la derecha ultra; el primogénito que, con su arrojo, barba en forma de ariete y tórax de regular de Melilla, embelesa a los abuelos y a los hermanos menores.
Lo cierto es que, mientras Feijóo manda a los suyos a la batalla en las autonómicas para debilitar a Pedro Sánchez, quien en realidad se hace con el territorio, extiende sus redes de partido, obtiene financiación institucional y escribe los argumentos de la derecha, es Vox. Abascal ni tan siquiera ha tenido necesidad de romper un plato en la mesa familiar para lograr la emancipación. A Vox lo impulsa una amalgama de cabreados de distinto pelaje, de los nostálgicos franquistas al lumpen urbano; de los autónomos del taxi a los de la agroganadería que quiere proteccionismo frente a los mercosures de la burocracia europea. El espíritu de Torrente, que tan bien anticipó Santiago Segura, ha trascendido la marginalidad y sacudido sus complejos para ocupar calles, plazas y espacio institucional.
Feijóo ideó la estrategia de adelantar elecciones en las comunidades autónomas con la esperanza de desgastar a Pedro Sánchez. Una aspiración que, en la práctica, además de ir saliéndole regular, normaliza y naturaliza a Vox como referencia política en el momento en que el espíritu del tiempo hincha sus expectativas. Sánchez, consciente de la debilidad de una izquierda desmovilizada y dispersa, necesita confrontar con una derecha de perfiles agresivos y duros. La resiliencia de Abascal, adiestrada en soportar el ninguneo del PP, dispondrá a discreción, en uso de su ganada firmeza antisistema, de los votantes que piden autoridad y esencias sin adulterar.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
CENTROS VALENCIANOS EN EL EXTERIOR
Convenio entre el Consell, el Ayuntamiento de València y la Junta Central Fallera para facilitar la participación de los CEVEX en las Fallas
HOMENAJE DEL CRE DE PARÍS
Antonio García Tejedor, a sus 99 años es el consejero en activo de un CRE, más longevo del mundo