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Una sorprendente mayoría de ciudadanos, incluyendo importantes sectores progresistas y hasta militantes socialistas, damos por agotado el gobierno de Pedro Sánchez. La apreciación es de tal calado que ya ni sorprende la parálisis dentro de las propias filas del PSOE. Es posible que la autoproclamación de Sánchez para encabezar de nuevo el cartel del puño y la rosa haya sellado un proceso que, de otro modo, habría puesto en marcha el procedimiento de primarias para elegir un nuevo candidato a la presidencia del país. Nada es ya lo que era y por tanto de nada servirá clamar por la antigua militancia crítica y con tendencia libertaria a la iconoclastia. Puestos a taponar posibles hemorragias, no solo Sánchez ha puesto el torniquete de la candidatura para las elecciones de 2027. El mismísimo Óscar Puente, que lleva meses autopromocionándose como ariete de la polarización extrema, coloca ya su nombre para las de 2031. Sea.
La crisis de Ceuta y su mal gobierno, ha acabado por hacer caer la venda que nos ocultaba la auténtica visión de las cosas
La crisis de Ceuta y su mal gobierno, ha acabado por hacer caer la venda que nos ocultaba la auténtica visión de las cosas. La negligencia, el desinterés, las contradicciones entre distintos miembros del gobierno, la ineficacia pura en atender en la medida debida un fenómeno político y territorial muy grave que está lejos de resolverse y del que el humanitarismo es solo uno de sus aspectos, ha precipitado esta sensación de fin de fiesta. Qué duda cabe que del largo retiro de Sánchez caben esperar sorpresas para el nuevo curso. El presidente no solo habrá dedicado sus vacaciones a lamer las heridas propias y de los suyos, sino que habrá planificado una sorpresiva rentrée con la que retomar la iniciativa política en unos meses decisivos.
Pero Sánchez, a diferencia del entrañable mago Tamariz, parece haber agotado el repertorio de trucos; el aura de su carisma y poder está ya cubierto por el polvo de la obsolescencia y la fatiga de materiales. De pronto, su entorno político más cercano, el mismo Puente o Irene Lozano, la exdiputada de UPyD y el PSOE, exsecretaria de Estado de la España Global, expresidenta del Consejo Superior de Deportes y, sobre todo, escritora de los dos libros que firma el mismísimo Pedro Sánchez, ha escrito, sin asomo de prevención, que al presidente, “desoír a los prudentes le suele funcionar”.
En mi experiencia de la política y sus liderazgos, la egolatría y el creciente aislamiento son los síntomas que anuncian la caducidad del político, su próxima caída. Sobre que Sánchez lleva mucho tiempo escondido y aislado, en España y en el exterior, parece haber pocas dudas. Pensar que desoír a los prudentes sea una norma de actuación de la que incluso jactarse en público, muestra el agotamiento, la soledad y lo ensoberbecido del personaje.
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