La droga, detrás de demasiadas cosas

NARCOTRÁFICO EN GALICIA

Publicado: 25 ago 2026 - 04:05
Opinión en La Región.
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Galicia conoce demasiado bien las consecuencias del narcotráfico. Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que determinadas zonas de nuestra comunidad aparecían asociadas a los grandes alijos de droga, a organizaciones criminales capaces de mover enormes cantidades de dinero y, sobre todo, a una generación que sufrió las consecuencias devastadoras de la heroína. Con los años cambiaron las sustancias, los métodos y el perfil de los consumidores, pero el problema nunca desapareció.

Los datos publicados estos días por La Región vuelven a encender algunas luces de alarma. Durante 2025 fueron intervenidas en Galicia 9,3 toneladas de cocaína, un 386% más que el año anterior. Nuestra comunidad concentró el 12,1% de toda la cocaína decomisada en España, precisamente en un año en el que las incautaciones descendieron considerablemente en el conjunto del país. A Coruña acumuló cerca del 70% de las aprehensiones gallegas. Las cifras recuerdan que Galicia continúa ocupando un lugar destacado en las rutas internacionales del narcotráfico.

Pero detrás de esas toneladas hay algo más que organizaciones criminales, narcolanchas, contenedores u operaciones policiales. Para que alguien venda tiene que haber alguien dispuesto a comprar. Y la droga que supera los controles termina llegando a nuestras ciudades, a los locales de ocio y, demasiadas veces, a personas cada vez más jóvenes.

El psiquiatra y escritor Natanael Antonio advertía recientemente en una entrevista publicada por este periódico de cómo el cannabis se ha convertido para muchos jóvenes en una especie de refugio frente a la ansiedad, la frustración o la falta de expectativas. El problema es que ese supuesto refugio puede terminar convirtiéndose en una trampa. Tampoco podemos olvidar la expansión de nuevas sustancias sintéticas, algunas especialmente presentes entre la población joven.

Quienes conocemos de cerca la seguridad ciudadana sabemos que detrás de muchos delincuentes reincidentes existe una drogodependencia.

Quienes conocemos de cerca la seguridad ciudadana sabemos que detrás de muchos delincuentes reincidentes existe una drogodependencia. Personas que convierten el hurto, el robo u otras actividades delictivas en el instrumento para conseguir el dinero necesario para la siguiente dosis. La Policía los detiene, los juzgados actúan y, demasiadas veces, poco después el círculo vuelve a comenzar. Por eso debemos preguntarnos si determinados problemas pueden abordarse exclusivamente desde la respuesta policial, judicial y penitenciaria. La Policía tiene que prevenir, investigar y detener. Necesita medios suficientes, plantillas adecuadas y el respaldo necesario para ejercer la autoridad que la sociedad le encomienda. Pero existe una frontera a partir de la cual la respuesta también tiene que ser sanitaria, educativa y social.

Hay personas con graves adicciones y trastornos asociados al consumo que necesitan tratamiento. En determinados supuestos quizá sean necesarios recursos especializados y medidas suficientemente prolongadas que permitan romper ese círculo de consumo, delincuencia, detención y vuelta a empezar. No se trata de justificar el delito por una adicción, sino de intentar evitar que vuelva a producirse. Porque cuando una persona entra una y otra vez en comisaría por delitos relacionados con su dependencia, limitarse a detenerla resuelve el problema inmediato, pero difícilmente el que está en su origen.

La prevención debe comenzar mucho antes. En las familias y colegios, hablando de las consecuencias del consumo; desde los servicios sanitarios, detectando las adicciones; desde los servicios sociales, atendiendo situaciones de exclusión; y desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, manteniendo la presión sobre quienes hacen del tráfico de drogas su negocio. También debemos evitar que determinadas formas de consumo terminen normalizándose socialmente, especialmente entre los más jóvenes. La percepción de que algunas drogas apenas tienen consecuencias puede ser el primer paso hacia problemas mucho más serios. Sería un error pensar que los peores años del narcotráfico gallego pertenecen definitivamente al pasado. Quizá no veamos las mismas imágenes ni suframos exactamente las consecuencias de los años ochenta y noventa, pero las cifras demuestran que la droga continúa llegando en cantidades extraordinarias.

Las 9,3 toneladas de cocaína incautadas son una magnífica noticia por lo que representan de trabajo policial, pero una pésima noticia por lo que revelan. Cada kilo retirado de la calle es un éxito, pero cada gran alijo descubierto recuerda el enorme negocio que continúa existiendo detrás. Combatirlo exige policías, jueces, medios y cambios normativos que permitan acorralar el músculo económico del traficante y que no se ponga al descubierto todo el procedimiento policial. Pero no solo hace falta acción de choque. Necesitamos educación, prevención, tratamiento y reinserción.

Detrás de la droga están las personas, las familias y, demasiadas veces, vidas enteras destruidas.

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