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La noche en que las hierbas se vuelven mágicas
CARTAS AL DIRECTOR
Desde hace unos meses he incorporado una rutina de deporte por las mañanas y me ha sorprendido el efecto que tiene en el resto del día. No hablo de hacer entrenamientos súper intensos, simplemente salir a correr un rato o hacer un par de ejercicios. Aun así, la diferencia es clara: uno nota la vista más despierta, la respiración más libre y la cabeza mucho menos cargada.
Llegar a clase o al trabajo después de haberse movido cambia el ritmo de la jornada por completo. Las primeras horas dejan de ser ese tramo lento en el que cuesta concentrarse. Trabajo ahora con más agilidad, decido con más claridad y las tareas no parecen tan pesadas. Incluso la productividad mejora sin necesidad de que me fuerce.
Otro efecto que no esperaba es el del sueño: descansar se vuelve más fácil y regular. En lugar de arrastrar el cansancio de un día para otro, el cuerpo parece resetearse mejor.
No pretendo presentar el ejercicio como una receta universal, pero sí como un hábito sencillo y al alcance de casi todos. En un momento en el que pasamos tantas horas delante de pantallas y sentados, empezar la jornada moviéndose puede convertirse en una forma práctica de ganar energía y afrontar el día con otra actitud.
Nicolás Vila-Sanjuán
(Barcelona)
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